Foro PECARI Team
Bienvenido(a), Visitante. Favor de ingresar o registrarse.
Octubre 21, 2014, 11:08:03 am

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Buscar:     Búsqueda Avanzada
47587 Mensajes en 3229 Temas por 88 Usuarios
Último usuario: agmeg
* Inicio Ayuda Ingresar Registrarse
+  Foro PECARI Team
|-+  Foro Publico Pecari Team
| |-+  Info. Técnica y Documentación (Moderator: Schwarz)
| | |-+  Relatos sobre GUERRA DE MALVINAS.
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema. « anterior próximo »
Páginas: [1] Ir Abajo Imprimir
Autor Tema: Relatos sobre GUERRA DE MALVINAS.  (Leído 19065 veces)
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« en: Mayo 24, 2007, 04:32:52 pm »

Estos son algunos Relatos q pude encontrar sobre la guerra de malvinas realmente auno se le pone la pìel de gallina al leer lo q hicieron estos HEROES, Patriotas y GRANDES PERSONAS....

Espero q les guste tanto como ami  INFORME ESPECIAL: EL RECUERDO DE JOSE EDUARDO NAVARRO, HOY TENIENTE CORONEL

 Malvinas: historia de un cañón rescatado del mar

Fue cerca de Darwin. Los ingleses hundieron un guardacostas que llevaba dos cañones. Pero dos oficiales volvieron para rescatar las piezas de uno, lo rearmaron y lo usaron en el final de la guerra.

No conocía el mar. Y aún hoy, veintiún años después, cuando recuerda la zambullida en las aguas heladas que rodean las islas, la memoria no le acerca el cuchillo glacial de las aguas, ni siquiera el otro filo, el del miedo, sino el olor inhóspito del yodo y el sabor urgente de la sal.
A las ocho y media de la mañana del 20 de mayo de 1982, en plena guerra, el flamante subteniente José Eduardo Navarro, un correntino de 21 años nacido en Monte Caseros, egresado del Colegio Militar apenas cinco meses antes de la guerra, que no imaginaba una inmensidad tal de agua que no fuese dulce, braceaba por su vida para alcanzar la franja de tierra gomosa de un islote cercano a Darwin. Viajaba en el guardacostas "Río Iguazú" de la Prefectura Naval, que había sido herido de muerte por dos aviones Harrier ingleses.
-Nos habían ordenado llevar dos cañones Otto Melara a Darwin para dar apoyo a la fuerza de tareas que integraban el Regimiento de Infantería 12 y la Compañía C del Regimiento 25. Cuando fuimos a cargar los dos cañones en el guardacostas 'Río Iguazú' nos dimos cuenta de que no entraban. Junto a dos suboficiales y a los soldados de mi batería de tiro, tuvimos que desarmarlos y cargarlos por piezas en el buque. La partida, prevista para las doce de la noche, se demoró cuatro horas.
La demora fue fatal. El hoy teniente coronel Navarro, que entonces era oficial del Grupo de Artillería de Aerotransportado 4, recuerda que el capitán del guardacostas le anticipó la pesadilla con la fidelidad de un oráculo: demorarían ocho horas, navegarían buena parte del viaje de día; los ingleses disparaban contra todo lo que se movía de día.

-A las nueve de la mañana sonó la alarma de ataque aéreo en el barco y diez minutos después hubo una explosión tremenda, se apagaron las luces y el puente de mando se llenó de humo. Dieron la orden de abandonar el barco y yo caminé hacia la proa, miré a mi alrededor y vi que la mayor parte de los hombres nadaban hacia la costa, que estaría a unos treinta metros. Lo otro que vi fue que uno de los Harrier volvía para hacer una segunda pasada y para ametrallar el buque a lo ancho: me tiré al agua con el resto de mis hombres y llegamos a tierra firme, que no era tan firme, era un islote de no más de tres mil metros de diámetro.

El "Río Iguazú" no había muerto sin pelear. Sus artilleros dispararon contra los Harrier. Uno de ellos murió al pie de su ametralladora y un maquinista apartó el cadáver de su camarada, empuñó el arma y derribó a uno de los dos aviones ingleses. En tierra, Navarro y sus hombres empezaban a creer en milagros.

-A mis soldados no les había pasado nada. Pero teníamos dos heridos graves de Prefectura. Uno de mis hombres, el soldado Roberto González, se me acercó para decirme que le dolía la garganta. Le miro el cuello y veo que tenía un agujero del que salía sangre. Intenté abrirle la campera pero no pude: una esquirla de cuatro centímetros había quedado frenada por el cierre metálico y apenas lo había lastimado: unos centímetros más... Cuando conté a mis hombres noté que faltaba uno. Era el soldado Rodolfo Sulín: se había tirado otra vez al agua, nadó hasta el buque, lanzó desde la parte superior dos balsas salvavidas, las cargó con alimentos, ropa seca y remedios y volvió al islote. Eso hizo que nuestra gente no muriera de frío.

Un helicóptero los rescató a las cinco de la tarde y los llevó a Darwin. Pero al día siguiente Navarro volvió al "Río Iguazú". No iba solo. Lo acompañó su camarada, el subteniente Juan José Gómez Centurión. Se habían propuesto un imposible: rescatar al menos uno de los cañones desarmados, llevarlo a Darwin, armarlo... y que funcionara. Había una dificultad y una ventaja: las piezas de artillería estaban semihundidas en la bodega del "Río Iguazú". Pero Gómez Centurión era buzo.

Nos pasamos todo el día en el agua. Gómez Centurión se sumergía y me alcanzaba las piezas que encontraba y que cargábamos en un bote. Cuando terminamos dijimos: 'Que Dios nos ayude' Un helicóptero nos recogió y nos llevó a Darwin. Cuando descubrimos que teníamos un Otto Melara completo no lo podíamos creer.

Cuando el ataque inglés a Darwin y a Pradera del Ganso, el cañón rescatado del mar y hasta las coheteras de los inutilizados aviones Pucará que fueron montadas en un tractor requisado, se usaron para re trasar el avance británico, hasta la rendición del 29 de mayo. Navarro fue prisionero y en un buque inglés se enteró de la rendición de Puerto Argentino, el 14 de junio. Fue devuelto a las islas, también prisionero, con un grupo de camaradas que se llamó a sí mismo "Los doce del patíbulo". Pero esa es otra historia.
« Última modificación: Mayo 24, 2007, 04:44:29 pm por Bull » En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #1 en: Mayo 24, 2007, 04:34:02 pm »

DIOS SE ME PUSO LA PIEL DE GALLINA....

RELATO EXTRAIDO DEL LIBRO: "COMANDOS EN ACCION" -I J Ruiz Moreno

Los Comandos argentinos despertaron muy temprano, aún oscuro. ¡ Estaban nuevamente sin frío después de haber dormido secos, recuperados físicamente; y mientras desayunaban con chocolate caliente y galletitas, comentaron lo que hubieran sufrido de haber permanecido en Monte Simons. Concluido el refrigerio todos comenzaron a alistar sus equipos, ya con buen ánimo para soportar otra jornada de marcha. Eran las ocho y empezaba a clarear
En ese momento oyeron ruido de helicóptero. Algunos especularon en un rescate anticipado: no estaban muy lejos de la capital era el día señalado el tercero de su misión- para ser recuperadas, y la zona era la probable. No era creíble que se tratara de un aparato británico; pero alguien acotó que los argentinos no volaban sin luz. Paso cerca, a unos cuatrocientos metros, y el sargento primero Pedrozo observó:
-Me pareció ver que no tiene la franja amarilla.
A causa de la bruma poco se distinguía, ni aun recurriendo a los visores nocturnos, y sólo se oían los motores · que al rato cesaron. Reinaba incertidumbre, pero se aceleraron los preparativos para abandonar el edificio. El capitán Vercesi, ya con su correaje colocado aunque sin la mochila puesta, se hallaba en la cocina, y echando rodilla en tierra, intentó comunicarse por radio. En el segundo piso el teniente Espinosa recorría el horizonte con la mira telescópica de su fusil. De pronto exclamo:
-¡Me parece que hay gente que viene avanzando!
No, mi teniente - opinó el sargento primero Helguero-, deben ser ovejas, que hay muchas por acá.
Un lúgubre presentimiento dominó a Vercesi. A su lado se hallaba el Sargento primero Sbert, a quien mucho apreciaba por haber compartido varios destinos anteriores, y ante la extrañeza de este, le tendió la mano:
-¡Suerte, Turco!
Los elementos del M. and A. W Cadre (Cuadro de guerra para la Montaña y el Artico) descendieron del helicóptero a mil metros de la posición argentina. El capitán Boswell colocó a los siete hombres de su grupo de apoyo comandado por el teniente Murray a ciento cincuenta metros de la casa, mientras con los doce del grupo de asalto la contorneó hacia el sur-este, protegido por una elevación. "Como son tropas especiales'', pensaba, seguramente tienen centinelas afuera''. El Sargento McLean, del grupo de apoyo, se aproximó a Boswell para transmitirle una sugerencia del teniente Murray: con pedazos de turba habian moteado sus uniformes para avanzar más disimulados, por cuanto estos oscuros sobre la nieve, los anunciarían a un centinela alerta. El capitán era consciente que el suelo por donde se movían estaba dominado por una ventana del piso superior, como un ojo que los vigilara''.
Cuando Rod Boswell consideró que estaba suficientemente cerca de casa y a la vista de su grupo de apoyo, dio orden de "calar bayonetas''. El sargento Stone musitó:
-Es un engaño: no hay nadie allí.
Ante el anuncio del teniente Espinosa del avance de hombres no identificados, el sargento primero Castillo subió la escalera: efectivamente distinguió bultos, pero sin precisar su naturaleza, pese a que ya se había levantado el sol y la claridad permitía distinguir mejor el campo. De pronto un haz de luz resplandeció sobre una de las presuntas ovejas: un soldado británico reflejaba el sol en el anteojo de campaña con el cual quiso observar mejor la casa.
-¡Ingleses! Ahí vienen!- fueron los instantáneos gritos que resonaron dentro.
Automáticamente el teniente primero Gatti, el radiooperador, sacó sus claves e instrucciones del bolsillo y las quemó. Todos se pusieron en movimiento para salir, Castillo gritó a Espinosa, mientras se abalanzaba hacia la escalera:
-¡Vamos mi teniente!
este le replicó:
- ¡No, yo me quedo! De acá tengo más campo de tiro!
En el mismo instante que abría el fuego, la casa tembló por la explosión de un proyectil antitanque Carl Gustav. y comenzaron los disparos de ambas partes. Los ingleses se incorporaron y avanzaron corriendo; varios de ellos utilizaban lanzacohetes descartables Law de 66 mm y fusiles lanzagranadas M-79 de 40 mm. Vibraba la estructura de la casa por los impactos sobro sus chapas exteriores, y cantidad de balas atravesaban las endebles paredes de madera.
Los Comandos argentinos no vacilaron en abandonar el edificio para luchar mejor desde el exterior. El capitán José A. Vercesi logró llegar corriendo hasta un alambrado colocado antes del arroyo, allí tomó posición de pie - no atiné a tirarme al suelo- y comenzó a hacer fuego y a recibirlo.
Salimos entre los dos, yo te apoyo - avisó el sargento primero Omar Medina al teniente Martinez. Al hacerlo, este último sintió que lo golpeaba fuerte en la espalda una granada caída dentro de la casa, y cayó al suelo. Comenzó a arrastrarse. El impacto había sido en la cocina, volteando un panel sobre Medina, al que tiró aturdido contra la pared. Pero también pudo salir y quedó contra un ángulo exterior, al lado de una ventana, oyendo los disparos y gritos.

El sargento primero Castillo se precipitó escaleras abajo, y al pisar el último escalón sintió la explosión de un cohete detrás, que destrozo e incendió la escalera. El humo comenzaba a invadirlo todo. Luego de Castillo quiso abandonar el edificio Helguero. pero una granada que explotó en la puerta, entre ambos, lo hirió en el pecho arrojándolo hacia adentro sobre Pedrozo, que venia atrás.

Una granada lanzada con fusil M-79 penetró por la ventana del piso superior, matando instantáneamente al teniente Espinosa. El estallido aturdió a Brun y Gatti, que estaban allí: un acre olor a pólvora se sintió en forma penetrante. La llamarada. el ruido y la sensación de vacío que produjo conmocionó a los dos oficiales sobrevivientes por unos instantes. La casa temblaba por los tiros y ya comenzaba a arder. Gatti se recobró del shock causado por la onda expansiva, tomó su fusil y fue hacia la escalera: ésta no existía, era un completo aro de fuego hasta abajo. Sin pensarlo saltó por medio de él.
El teniente primero Brun, al tiempo que Espinosa caía hacia atrás ensangrentado, sintió una esquirla que le cortaba la frente. Supo que la próxima explosión no lo perdonaría, e instantaneamente tomó su decisión: se zambulló a través del traga luz
A medida que caía podía oír los balazos que pegaban contra la pared enchapada. Cayó desde una altura no menor de cinco metros, procuran do cubrirse la cabeza, pero recibiendo tan fuerte golpe que quedó completamente aturdido. A merced a su excelente estado físico y a la inmediata reacción no fue muerto en esa oportunidad. A un tremendo dolor en la frente y en la cabeza toda se sumó que no veía bien: ; Dios mío perdí un ojo!, Pensé en el acto, aunque la falta de visión habrá sido producida por la pólvora que le quemó la cara, o la sangre que le caía en la frente.
Los Comandos argentinos hablan logrado en su mayoría abandonar Top Malo House. La abnegación de Espinosa, que con su resistencia atrajo el fuego enemigo hacia el segundo piso, y la reacción de aquellos de salir para combatir sorprendiendo a la tropa británica, habían impedido el total aniquilamiento de la patrulla. En forma descuidada disparando de pie con sus pistolas ametralladoras y lanzagranadas desde la cintura, sin cubrirse, los ingleses posiblemente no tuvieron en cuenta el impulso de la sección de Comandos.
« Última modificación: Mayo 24, 2007, 04:42:56 pm por Bull » En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #2 en: Mayo 24, 2007, 04:35:11 pm »

CONTINUACION DEL PARRAFO ANTERIOR...

Estos avanzaron corriendo hacia el arroyo, al tiempo que tiraban con sus fusiles. Las balas enemigas pegaban en el suelo siguiendo sus huellas. El teniente primero Brun pudo hacer algo más de cincuenta metros hasta que cayó sentado, atontado, sintiendo un constante zumbido en su cabeza a consecuencia de su violento golpe, De pronto vio venir derecho hacia él una granada: en forma instintiva la alejó con su mano al llegar, a tiempo que tornaba la cabeza. La granada explotó muy cerca, cubriéndole de esquirlas la espalda, y averiando su fusil. Brun sacó la pistola e hizo fuego contra un escalón británico que divisaba, pero a los pocos disparos se le trabo tomó entonces una granada y la tiró, pero por la conmoción sufrida olvidóse de quitarle el seguro. En esos momentos un tiro hizo impacto en su pantorrilla derecha.
EI teniente primero Gatti también había podido salir, llegando ileso a una zanja situada doscientos metros abajo de la casa, antes de alcanzar el arroyo Malo. Cerca del capitán Vercesi Gatti disparaba arrodillado. mientras veía cómo la munición enemiga levantaba el barro a su alrededor.
El teniente primero Horacio Losito estaba herido: al abandonar el edificio en medio del humo que lo envolvía y las balas que lo atravesaban, dirigiéndose por la cocina hacia el porch para alcanzar el arroyo, una granada había reventado contra la pared dos metros atrás, derribándolo ensordecido y lastimado en la cabeza. Un golpe quemante, un ardor fuerte, pero seguía dueño de sus movimientos. La sangre le caía detrás de la oreja y por la mejilla un grupo de cuatro ingleses ubicados a no más de veinte metros lo dieron por muerto y continuaron accionando sus lanzagranadas contra la casa sin prestarle más atención. Entonces Losito se levantó y medio agazapado vació contra ellos un cargador en automático: un soldado cayó tocado en una pierna y el resto echó cuerpo a tierra. El oficial argentino emprendió carrera hacia el arroyo, cambiando de posición y disparando a cada rato, perseguido por los proyectiles enemigos; esperaba a cada instante un tiro en la espalda. Era intención de Losito cruzar el curso de agua y trepar por la altura del frente - la casa estaba ubicada en una hondonada-, pero unos cuatro metros antes de alcanzar el Malo encontró la zanja decidió ocuparla. Al darse vuelta para hacer nuevos disparos, un impacto en su muslo derecho lo volteó de espaldas en la zanja. Herido dos veces, rodeado de enemigos que avanzaban haciendo fuego y sin posibilidad de reaccionar, se dio por muerto:
-¡Cristina. no voy a poder volver! -exclamó en voz alta.
El sargento primero Medina estaba resguardado en una esquina del edificio, cuando por encima dejas explosiones, oyó que arriba de él se rompían vidrios y vio tirarse a un hombre: era Brun. Un soldado inglés se aproximaba gritando; le hizo fuego y lo abatió. El suboficial enfermero Pedrozo y el sargento primero Helguero pudieron zafarse de la casa en llamas y abandonarla a través de una ventana, cayendo aturdidos por los estampidos, mas luego echaron a correr. A los quince metros Helguero se desplomó herido en el pecho. Omar Medina se dio cuenta que quedaba solo y que el enemigo estrechaba el cerco. Con la protección que le brindaba el fuego que el sargento primero Sbert hacia, alcanzó la zanja donde sus compañeros estaban tirados, y arrodillándose comenzó a disparar:
Los británicos se aproximaban a ellos, y estaban a cincuenta metros cuando Medina pudo hacer impacto en un inglés, al cual siguió tirándole ya caído por ignorar si había muerto, De repente Medina sintió un golpe en su pierna izquierda, que no creyó herida por no sentir dolor al tiempo que una granada reventaba tras de si matando a Sbert, Retrocedió Medina y pudo derribar a otro soldado enemigo. Pero la patrulla de Comandos estaba completamente aferrada.
Es indudable que a posición argentina pudo haber sido eliminada sin correrse riesgo atacándola con cohetes y bombas desde el aire. Quizá el M. and A. W Cadre haya imaginado que luego de sus primeros disparos, los refugiados en Top Malo House se rendirian que no saldrían a combatir afuera; pues lo cierto es que permitiéndoles abandonarla sin estar, rodeada por, completo -comenzaron a hacerle fuego desde un flanco mientras avanzaban- los militares argentinos opusieron una enérgica resistencia que ocasionó varias bajas al equipo de Boswell. Una "fiera y breve batalla'', la califican Hastings y Jenkins.
Con todo, por más ardoroso que fuera su ánimo, la primera sección de la Compañía 602 no tenia escapatoria. Ignoraban quienes calculaban poder replegarse cruzando el arroyo, que detrás de éste ocultos en la elevación que lo dominaba, permanecía al acecho la patrulla del Teniente Haddow que diera aviso, de la presencia de los Comandos.
EI teniente Daniel Martinez había guarecido en el cobertizo del fondo, arrastrándose en dirección al agua · en medio de los proyectiles que le pasaban por encima o pegaban cerca de él, disparó contra un par de soldados que iban corriendo, obligándolos a tirarse al suelo, Martinez notó que los ingleses tenían dirigida su atención a la zanja cercana al arroyo donde sus compañeros, en línea, respondían al ataque. Mientras tanto, un británico salió velozmente del depósito de atrás, disparándole, pero Martinez le abrió con una ráfaga de FAL y cayó a tres metros de distancia.
El fragor del combate se aumentaba por el ruido de las municiones que explotaban dentro de la casa en llamas.
El teniente primero Losito, caído sobre el extremo de lo precaria trinchera había podido observar cómo Medina se movía hacia Sbert al ser éste muerto por el estallido de una granada; y sabiendo que él también iba a sucumbir, reinicio sus disparos medio agazapado como estaba, dificultosamente, A veinte metros por, la derecha avanzaban dos ingleses con sus boinas verdes, a paso ligero, disparándole con sus pistolas ametralladoras Sterling: Losito derribó a uno de ellos, un hombre grande y rubio que recibió el impacto en el estomago y cayó hacia atrás.
En la otra punta de la línea, el capitán Vercesi vio llegar a donde estaba al teniente primero Brun, cubierto de sangre de la cabeza a los pies, quien cayó a su lado. Detrás de los tiradores británicos que avanzaban en cadena, pudo distinguir que cerca de la casa el enfermero, sargento primero Pedrozo arrodillado para cubrir a Helguero, agitaba un trapo blanco indicando que allí habla un herido y que no combatía. El jefe de la sección miró a Brun "con sus heridas espectaculares" y le dijo:
-Esto no va más...
El oficial le hizo eco:
-No, no va más.
Entonces el Capitán levantó su fusil ordenando cesar la lucha. con un setenta por ciento de bajas, no tenia sentido proseguir la briosa resistencia; sólo quedaban ilesos él mismo, Gatti y los sargentos primeros Castillo y Pedrozo. El teniente primero Gatti lo imitó:
-¡Alto el Fuego!, ¡alto el fuego!.
Miguel Angel Castillo no se conformó, e instaba:
-¡Todavía no se entregue, mi capitán!
No muy lejos, tirado en la zanja, Losito podía observar que continuaban rebotando impactos en torno a su compañero. posiblemente porque algunos ingleses no se habian percatado del gesto, y gritó desesperado:
-¡Gatti, cúbrase; no se rindan. carajo. porque nos van a matar!
-Mi teniente primero -le contestaba aquél-, no tire más que estamos totalmente rodeado
Horacio Losito no cejó. Dispuesto a morir peleando se preparó para disparar al otro soldado de la pareja que se le acercara, pero ya no pudo hacerlo: la pérdida de sangre se lo impidió y se derrumbó de espaldas al pozo. Plenamente conciente todavía, pudo ver que el enemigo, un hombre bajo, morocho de bigotes, se paraba con sus piernas abiertas sobre el borde apuntándole con su pistola ametralladora. un instante fugaz se encomendó a Dios, esperando morir rápido. Volvió a levantar los ojos y el ingles le intimó:
-¡Upyour hand!, ¡upyour hand! (Arriba las manos).
Losito estaba muy débil y el inglés lo notó: dejó su ametralladora, y quitándole el fusil, tomó al oficial por la chaquetilla para sacarlo, del fondo, con palabras de aliento.
-No problem. no problem, is the war (No hay cuidado, es la guerra)
Le hizo un torniquete en una pierna y le inyectó morfina de una jeringa descartable que sacó de su pecho, luego de lo cual le pintó una M en la mejilla. Enseguida pidió auxilio para transportarlo.
Sonaban todavía algunos disparos. El sargento primero Omar Medina, sordo por las explosiones y atenta sólo a su frente. mantenia el fuego, y GATT le grito:
-¡Medina, Gordo. dejá de tirar que nos matan a todos: no ves que nos rendimos!
Cuando el suboficial Levantaba sus manos, volvió a ser alcanzado en el muslo de la misma pierna izquierda por una granada: una herida impresionante, muy grande. Se acercó el cabo primero Valdivieso para ayudarlo y fue también alcanzado, cayendo al suelo.
El fuego cesé bruscamente, por ambos lados. Miguel Angel Castillo no quiso correr riesgos: "Yo me quedé tirado", me relato, "pensé que si me paraba me iban a poner fuera de combate, así que me quedé en el suelo con el fusil al costado". Hasta que llegaron dos tipos a mi lado: apartaron con su pie el fusil, me apuntaron, y por señas me indicaron que me levantara''. Todos los británicos avanzaron para tomarlos. Cada uno de los argentinos permaneció en el lugar en que se hallaba y los hombres de Boswell se apoderaron de su armamento y les hicieron quitar el correaje. Se oían quejidos.
-Finish the war, (Terminen la guerra) -repetía el jefe británico para abortar cualquier reacción desesperada, aunque el estado de los Comandos argentinos tornaba ilusoria alguna medida más.
A distancia. Top Malo House concluia de arder.
Al concluir el combate, desde el otro lado del arroyo apareció la otra patrulla británica, gritando, que abrazó los vencedores: 1a patrulla de Haddow, que había observado toda la batalla, avanzó corriendo, agitando una bandera británica como una señal para ser reconocido. No quisieron correr el riesgo de ser tiroteados por su propio bando en la excitación, con la adrenalina aún fluyendo'', indica el brigadier Thompson.
Los británicos ataron las manos de sus prisioneros mientras los revisaban, y luego volvieron a soltarlos. indicándoles que recogieran o sus heridos y muertos. Ellos también comenzaron a atender a los de uno y otro lado, juntando las armas y correaje de aquellos; algunos mantenían apuntados a los Comandos ilesos, El capitán Rod Boswell, con una libreta en la mano, pasaba lista a voces para conocer sus bajas. Éstas eran relativamente numerosas, dada la iniciativa del ataque y el armamento el lado: 5 muertos y ocho heridos, Algunos hombres lloraban en torno a un cadáver que posiblemente fuera el segundo jefe del M. and A. W. Cadre.
Los Comandos argentinos en mejor estado fueron a alzar a sus compañeros. Vercesi pasó junto a un herido inglés muy pálido, de bigote fino, alcanzado en el pecho, que se hallaba tirado en el suelo apoyado en el regazo de un camarada, quien lo saludó murmurando:
-Friends. friends. (Amigos).
Los que aparentaban estar más graves eran los tenientes primeros Brun y Losito, completamente cubiertos de sangre; el Teniente Daniel Martinez fue interrogado para saber si había sido tocado:
-No problem -contestó, ignorante del balazo que habla recibido en un pie. En un grupo estaban reunidos Medina, Valdivieso y algo alejado Losito: se acercó Pedrozo quien se había hecho reconocer como enfermero- con su brazalete ostentando la Cruz Roja colgado de la mano. acompañado de su custodio, y controlando el pulso de Omar Medina, y dijo:
-Quedate tranquilo; no tengo nada para darte ahora; esto está coagulando bien. Acordate de soltar el torniquete para que circule la sangre.
Al suboficial lo había vendado un inglés. Otro que se aproximó comenzó a tratarlo con un paquete de curaciones; la hemorragia hizo que el sargento primero se desmayara por un momento. Recuperado a poco, fue el teniente Martinez para cargarlo:
-Cómo pesás! A mi no me pasó nada- le explicó, desconociendo aún haber
sido también herido, Pero ni llegar al lugar de reunión, Martinez,. Sintió un dolor como una torcedura''; asombrado, hizo un movimiento y pudo ver que salían borbotones de sangre'' según relata. Se quitó el borcegi y la media y comprobó que había alcanzado en el talón una bala de fusil M-l6, sin orificio de salida, uno de los militares británicos comenzó a hablarle, Pedrozo le tradujo:
-Dice que te tapes para que no se enfríe, porque te va a doler.
Daniel Martinez volvió a calzarse, ató bien su borcegui y se hizo un torniquete, sintiendo efectivamente mucho dolor: "y pasé a ser un herido más.
El suboficial enfermero tuvo una lucida actuación: sin elementos, trató de contener las hemorragias y de calmar a sus compatriotas. "Yo no empecé a temblar con chuchos por la pérdida de mucha sangre y estar muy mojado''. me refería el teniente primero Losito. "y él sacó al sargento primero Sbert que estaba muerto, su gabán de douvet y se lo coloco: se sentó en la nieve y me puso sobre su regazo, abrazándome para darme un poco de calor", Igual procedimiento empleó el teniente primero Gatti con el sargento primero Medina.
Los prisioneros, heridos e ilesos, fueron retenidos a un costado de la casa incendiada, hasta que helicópteros vinieran a llevarlos, El capitán Vercesi se detuvo al lado del cadáver del sargento primero Sbert, muy conmovido:
-¡Qué me has hecho. Turco!
Al teniente primero Brun lo animó el ver a Losito vivo, quien lo alentó:
-Tranquilo. Cachorro, no más. -
El médico británico revisó a todos, marcando con una M sobre la frente a los inyectados: con morfina, La pierna de Medina, desgarrada y con su fractura expuesta, presentaba mal aspecto; Helguero estaba muy preocupado por su herida sobre el corazón, porque ignoraba su profundidad. Vercesi se notaba sumamente afectado: pidió ir por el teniente Espinosa pero el capitán inglés meneó su cabeza y le dijo que era inútil. Conmovía a todos la suerte del abnegado oficial. el joven alegre siempre hablando de sus hijitas. Mirando la casa que terminaba de quemarse, Brun murmuro:
-Espinosa está ahi adentro...
La morfina y la atención los calmaron, y comenzaron a observar a sus vencedores, pintarrajeados sus rostros y tocados con boinas verdes.
En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #3 en: Mayo 24, 2007, 04:37:55 pm »

Rechazando el ataque de la  Guardia Escocesa de la Reina
Los centinelas vigilaban en forma constante los 200 metros de frente por los 50 de ancho que ocupaba la 4ta sección, muchas veces adelantados de sus posos para poder dar la alerta general.
A las 21 comenzó a bombardear el lugar la donde estaban los morteros de 60 mm. , a unos 650 metros a retaguardia sobre Tumbledown. Uno de los proyectiles corto la línea telefónica, lo que le preocupaba bastante a Vázquez, pues no tenia contacto con el teniente Miño, quien a 150 metros le cubría las espaldas. Con quien había acordado que si recibían la orden de replegarse, ambos se encontrarían en un punto acotado y con las dos secciones unidas y en combate retardante, se desplazarían hasta el comando de la Compañía "Nácar".
Fue un conscripto a tratar de reparar la línea telefónica pero no la encontró, por ello el teniente Vázquez manda a llamar al cabo 2º Amilcar Tejada quien estaba a 100 metros.
-Tejada- le dijo ni bien apareció en la boca del pozo – tiene que solucionarme el corte de la línea telefónica. Vea que puede hacer.
A pesar del intenso fuego de artillería, Tejedor corrió de piedra en piedra tratando de seguir la línea y así llego hasta la gran pared de piedra, donde estaba el subteniente Silva. El cable se había cortado y era imposible repararlo. En medio de las explosiones el cabo llegó hasta la posición de Vázquez para informárselo.
El ataque de la artillería continuo hasta las 23,10. Vázquez ubicado en la boca del pozo, para tener una mejor vista, dar las ordenes y formular los pedidos a través del suboficial Fochesatto, que había pasado a desempeñrse como radiooperador. En ese instante el conscripto Güida, desde su pozo situado a la izquierda, le gritó.
-¡Señor! ¡Señor! ¡Lo hirieron a Khin!
-¡Ya voy! –le respondió Vázquez, dejando su fusil en el pozo para poder correr con mayor velocidad.
Cuando llego el conscripto Khin estaba afuera, tomándose el estomago, con la mirada perdida y tambaleante, con las piernas muy abiertas. Con el mismo impulso de la carrera, lo empujo hacia el interior del pozo, al tiempo que le decía:
¡Esta loco, parado afuera!
Una esquirlas le había abierto el costado derecho del abdomen y no existía posibilidad de evacuarlo. Otro infante se introdujo en el pozo para ayudar. La oscuridad era total y solo entraba algo con las explosiones. Vázquez, tanteando la herida, comenzó a practicarle un vendaje de emergencia. Cuando cesó el cañoneo.
No había pasado ni un minuto cuando escucho una ametralladora Sterling, ahí nomás, en la misma boca del pozo de zorro ¿Qué había ocurrido? Los ingleses habían aprovechado el intenso fuego de artillería para aproximarse a escasos metros de la Sección.
-¿Quién podría estar tirando con Sterling? Voy a ver que ocurre – exclamo extrañado Vázquez.
Cuando saco la mitad del cuerpo fuera del pozo quedo petrificado: dos ingleses, cada uno a no más de 5 metros y a ambos costados de donde estaba Vázquez, iban avanzando y disparando. El de la Sterling, con la bayoneta calada y el otro con un FAL, con un cigarrillo en la boca. Fue entonces que Khin comenzó a gritar de dolor. Vázquez se zambullo en el pozo y le tapo la boca.
-Callaté Gringo, porque acá nos cocinan a todos- le dijo en voz baja.
Vázquez debía regresar a su pozo de inmediato, por varios motivos, se encontraba a 100 metros de su posición, desde donde tenia que dirigir el combate. Allí estaba la radio, único enlace con su jefe. Además recordó que había dejado su fusil, cosa que lamento.
-Termina de vendarlo – dijo Vázquez al conscripto que le ayudaba a vendar a Khin. -Yo regreso a mi posición
Sacó la pistola, la cargo, tomo una granada de mano, le saca el seguro y salió del pozo corriendo, el tiroteo se había generalizado. Los británicos habían pasado al asalto con bayoneta empleando gran cantidad de hombres (como se supo después el Regimiento que ataco a la 4ta Sección fue el 2º Batallón de la Guardia Escocesa) y a medida que pasaban por los pozos disparaba encima de ellos.
Mientras corría Vázquez, se cruzaba a menos de cinco metros de los ingleses, justo cuando la ola de asalto estaba sobre la 4ta Sección Los Guardias Escoceses, preocupados de usar todo el poder de fuego contra los soldados, que enterrados les disparaban sin cesar, se sorprendieron al ver un hombre del bando contrario corriendo entre ellos. Era una situación confusa e ilógica, ocurrió en segundo, no daba margen a reaccionar. Es razonable que en medio de un asalto un hombre escape, pero resulta difícil imaginar que corra a lo largo de las posiciones. La reacción fue tardía.
En esos instantes, se encendió un iluminante y la zona quedo como sí fuera de día. Es ahí cuando Vázquez comenzó a ver la trazantes que se cruzaban delante suyo. Le estaban tirando con fusil y ametralladora tenia dos posibilidades: o se tiraba en un enorme

,cráter o sé hacia el muerto y la decisión a tomar las tomo mientras corría. Optando por simular que le pegaban un tiro y se dejo caer boca abajo, con las piernas y los brazos abiertos. En la mano izquierda tenia aun la granada, en la otra la pistola. Apoyo la cara sobre la derecha con el derecho cerrado y al izquierdo lo pudo mantener abierto.
Los minutos que siguieron fueron una eternidad. Para colmo el iluminante no se apagaba. Algunos ingleses pasaron tan cerca que solo veía desde sus rodillas hacia abajo. Tuvo pánico, sabia que le podían dar el tiro de gracia o el bayonetazo "Tengo que quedarme quieto, no moverme, no salir corriendo porque no llegaré a mi pozo" Para ocupar la mente comenzó a rezar.
Al cesar la iluminación. Como un resorte se levanto y comenzó a correr, mientras tiraba con la pistola, sin apuntar a ningún lado en especial. Ya sin aliento y con las piernas sin responderle, observo que en la boca del pozo no había nadie. Sin dudarlo y a pesar de que tenia 2 metros de profundidad, se zambullo de cabeza.
-Foche, realmente creí que no iba a llegar nunca – le dijo al suboficial Fochesatto, quien estaba sorprendido por la forma que su jefe había caído dentro del pozo.
-¿Qué paso jefe?
-Hirieron a Khin- respondió Vázquez – los ingleses nos atacan con muchos hombres.
Recuperandose, guardo la pistola, tomo el FAL y asomo medio cuerpo fuera del pozo. Rápidamente busco al grupo de ingleses más cercanos y les lanzo la granada que lo había acompañado en su corrida. Tenia para elegir. La cantidad de soldados enemigos era importante; algunos combatían en las posiciones otros habían sobrepasado la línea de la 4ta Sección unos 30 metros sobre retaguardia.
Comenzó a dar ordene, los gritos, los que a su vez eran pasado de pozo en pozo hasta los extremos.
No tenia noticias de lo ocurrido al subteniente Silva, que con cinco soldados, ubicados a unos cincuenta metros más atrás, sobre la cresta de Tumbledown, cubriendo las espalda de la gente de la 4ta Sección de la Nácar y sirviéndole de apoyo para el caso de que tuvieran que replegarse.
A espalda de Silva estaba Miño con su sección de ingenieros anfibios, pero del otro lado de la altura y sin camino ni comunicación accesible, pues allí Tumbledown estaba cortado por picos con paredes de hasta diez metros en la vertical. La única manera de comunicarse era por el punto de reunión previamente convenido.
El flanco izquierdo de asalto británico había escalado el monte por el Noreste de Tumbledown, directamente al Norte, por un sitio por el que no se lo esperaban (la existencia de muchos recovecos desorganizaba toda defensa) Sin embargo los escoceses subieron por allí y a medida que avanzaban gritaban y tiraban con todas las armas.
Miño y sus hombres, sorprendidos en su flanco, respondieron con fuego de FAL, lanzacohetes y granadas de mano y de fusil. Veían perfectamente los disparos ingleses a través de la estela químicas que marca el trayecto de las trazantes.
Antes de las 24, Miño le aviso al guardiamarina De Marco cuyo observatorio para dirigir el fuego estaba próximo, que se iba a replegar a un punto intermedio, en dirección al puesto de Comando del teniente Villarraza, enviando a un conscripto hasta la posición de Vázquez para avisarle que se replegaba. Aparentemente por producto del fuego y del ataque que sufría Vázquez, ese hombre no ubico la posición de la 4ta Sección. Lo cierto es que la comunicación no le llegó a Vázquez y que Miño inició el repliegue solamente con sus hombres.
Cuando la fracción de Miño se replegó de esas posiciones en la cresta militar Norte, el subteniente Silva quedó con sus espaldas desprotegidas y fue entonces que los ingleses lo tomaron por atrás, matando a los cinco soldados que lo acompañaban.
A la una y veinte de la madrugada y como el enemigo no cedía en su ataque Vázquez llamó por radio al puesto de comando de Compañía del teniente Villarraza. Por varios motivos tenias problemas para comunicarce con su jefe: se había cortado la línea telefónica; ambas posiciones se encontraban en la laderas opuestas de una misma montaña que hacia de pantalla y, como si eso fuera poco, desde la tarde del 13 los ingleses interferían los equipos radioeléctircos hablando y con ruidos. Por ello, a veces la 3ra. O la 2da. Sección retransmitían las comunicaciones.
-Verde, aquí Verde 4- insistió Vázquez.
-Verde 4 – fue la respuesta inmediata del puesto de comando de Villarraza.
-Solicito fuego de mortero sobre mi Sección
-Recibido
El suboficial Elbio Cuñe, jefe de la Sección morteros 81 mm dependía de la central de fuego a cargo del teniente de navío Ubaldo Pagani, instalado en el puesto de comando del Batallón 5. Cuando comenzó el ataque sobre las posiciones del teniente Vázquez, Pagani lo liberó y le dijo que se comunicará directamente con el comando Nácar, para hacer más efectivo el apoyo hacia esa Compañía.
Villarraza retransmitió a Cuñe el pedido de fuego de Vázquez. El suboficial había reglado el tiro sobre la punta que bajaba de Tumbledown a Dos Hermanas, en un pequeño valle de 300 metros delante de la 4ta. Sección. De todas manera tenía que recibir la orden del lugar exacto donde hacia falta el apoyo.
-Verde, aquí Naranja- dijo respondiendo el llamado de Villarraza.
-Aquí Verde adelante Naranja
-Corríjame, va disparo. ¡Pum!- dijo Cuñé.
Vázquez, que ya había alertado a sus hombres que les caería fuego de morteros, le comunicó a Villarraza la corrección del tiro y éste le retransmitió a Cuñé:
-Acorte 100, derecha 50.
-Recibido. Va- respondió Cuñé.
-Bien, esta en zona batida.
De inmediato cayeron sobre la 4ta. Sección unas quince salvas, provocando una gran sorpresa entre los británicos, que comenzaron a desbandarse. También hizo fuego el suboficial Lucio Monzón con sus morteros de 60 mm, ubicados a 500 metros a retaguardia de la 4ta Nácar, con seis conscriptos.
Ese fue un momento muy difícil, durante el cual quien está combatiendo desde su pozo no puede merece adentro y tiene que seguir tirando. Si deja de disparar, el enemigo, que lo tiene localizado perfectamente y que ya está jugado pues el fuego lo toma desprotegido, se le va encima y, como hacían los ingleses, le arroja una granada dentro del pozo o se para en la boca del mismo y vacía un cargador en el interior, ocupando luego ese mismo agujero.
Además el combate en esas condiciones es totalmente entreverado. A los proyectiles de los morteros de 81 había que sumarle los cohetes, granadas y misiles Milán que tiraban los británicos. Un infierno, donde las distancias entre contendientes no excedían los 8 o 10 metros y donde los disparos de cada uno eran su mejor cubierta. Nadie tenía tiempo de apuntar, sólo de tirar al bulto, sin exponerse demasiado porque con seguridad uno o más enemigos le estaban tirando. Esa situación fomentaba la inseguridad de ambos bandos y dificultaba la precisión de los disparos.
Ante la intensidad del fuego de morteros, los británicos se replegaron a la posición de partida que habían adoptado para el ataque, en el valle, al Oeste de Tumbledown. Muy pocos quedaron a retaguardia de la 4ta. Sección, escondido detrás de alguna piedra al no poder escapar con el grueso. Era exactamente la 1,30 del 14 de junio.
El asalto de la Guardia Escocesa de la Reina había sido rechazado. Un silencio absoluto que se prolongó por espacio de media hora se apodero del monte. Ni siquiera había viento y la visibilidad, pese a ser de noche, era buena, luego de haber pasado momentos de niebla cerrada, fuerte lluvia de granizo y nevadas.
De pronto, ese extraño silencio se rompió con los gritos de los marinos argentinos "Viva la Infantería de Marina", "Vengan, ingleses hijos de malapalabra", " Que Venga la Reina, Carajo", "Vengan que acá esta la 4ta. Sección". Los nervios, la tensión vivida durante más de dos horas de combate ininterrumpido, el cansancio, el miedo, daban paso a un desahogo merecido. Los habían rechazado, que para esos hombres era mucho.
A los pocos minutos los ánimos los ánimos se tranquilizaron. Vázquez bajo a su pozo para calentarse, pues tenia las manos muy frías, casi sin tacto. De inmediato solicito que le comunicaran las bajas y el estado de la munición, dato que se le paso al teniente Villarraza:
-Verde, aquí verde 4.
-Verde.
-Señor, informo que los ingleses se retiraron, prácticamente se fueron en desbandada, en este momento no hay fuego, Tengo cuatro muertos y tres heridos. Estamos haciendo recuento de munición.
En la sintética, Vázquez le relato a su jefe lo ocurrido, quien le respondió:
-Recibido. Pregunto si se va o se queda.
-Señor, yo no domino del todo la situación pero los ingleses tampoco. Si me envía refuerzos puedo aguantar y de aquí no me saca nadie.
-Recibido. Espere
Pasaron unos minutos, los necesarios para que el teniente Villarraza consulte con el puesto de comando del Batallón. El capitán Robacio le respondió que le enviaría refuerzos.
-Verde 4, aquí Verde
-Verde 4- contestó Vázquez.
-Bien, resista, van a ir refuerzos
-Recibidos
.Recibidos, Aquí Verde 4, corto

Continua la presión británica .
« Última modificación: Mayo 24, 2007, 04:41:27 pm por Bull » En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #4 en: Mayo 24, 2007, 04:39:51 pm »

Otro mas....DIOS Q HUEVOS Q TIENE NUESTROS CAMBAITIENTES!!!!!!!!!!!

¡SEGUÍRME!

-Teniente Estévez, como último esfuerzo posible, para evitar la caída de la Posición Darwin-Goose Green, su Sección contraatacará en dirección NO, para aliviar la presión del enemigo sobre la Compañía "A", del Regimiento 12 de Infantería. Tratará de recomponer, a toda costa, la primera línea. Sé que la misión que le imparto sobrepasa sus posibilidades, pero no me queda otro camino -luego, lo despidió con un fuerte abrazo. La difícil y crítica situación no le permitió agregarle ningún otro tipo de detalles a la orden; además, tratándose de Estévez, eran innecesarios.
-Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final, y tratar de recomponer esta difícil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen -así fue la rápida arenga de Estévez.
Finalmente, todos los integrantes de la fracción, escucharon la mejor y más hermosa orden que puede dar un Jefe: "Seguirme". Pronto estarían inmersos en el combate.
-Para la Sección, sobre las fracciones enemigas que se encuentran detrás del montículo, ¡fuego! Ar-tilleros, sobre el lugar, deriva 20 grados, alza 400 metros, ¡fuego! Esté atento Cabo Castro, en dirección a su flanco derecho, puede surgir alguna nueva amenaza... -diversas órdenes se entrecruzaban en medio del fragor y la ferocidad de la lucha; finalmente, se logra bloquear el avance, y aliviar en parte la presión ejercida por los ingleses.
-Cabo Castro, me hirieron en la pierna, pero no se preocupe, continuaré reglando el tiro de la artillería -gritó, sin titubear, el Teniente Estévez
-Enfermero, rápido, atienda al Teniente -ordenó Castro, con un grito. .
-Me pegaron de nuevo, esta vez en el hombro.
Cabo Castro, no abandone el equipo de comunicaciones y

continúe dirigiendo el fuego de artillería...
-fue su última orden; un certero impacto en la cara, quizás de un tirador especial, lo desplomó sin vida.
-Soldados, el Teniente está muerto, me hago cargo -gritó Castro, y continuó con la misión ordenada, hasta que fue alcanzado por una ráfaga de proyectiles trazantes, que llegaron a quemar su cuerpo.
-Camaradas, me hago cargo del mando de la Sección, nadie se mueve de su puesto, economicen la munición, apunten bien a los blancos que aparezcan -el Soldado Fabricio Carrascul, llevado por el ejemplo heroico de sus Jefes que yacen inermes en el glorioso campo de la guerra, impartió con firmeza su primera orden. -Los ingleses se repliegan, bien, los hemos detenido y los obligamos a retirarse. ¡Viva la Patria! -gritó, con alegría, Carrascul, al ver la maniobra inglesa. En ese momento, un preciso disparo, quizás del mismo tirador especial que eliminó a sus Jefes, le quitó la vida.
Habiendo cumplido con su misión, sin Jefes, agotadas las municiones y transportando sus muertos y heridos, la veterana y gloriosa Primera Sección de Tiradores Especiales se retiró hacia sus posiciones iniciales, habiendo cumplido con la Misión.

Relato extraído del libro : Malvinas, un sentimiento Seineldin Mohamed

El soldado clase 1963 Rodríguez, en una edición especial del diario Tiempo Argentino (Mayo de 1983, pág. 10) relata así la muerte del Tte. Estévez:
" ... llegó a mi posición el Tte. Estévez herido con dos balazos en el cuerpo, en la pierna derecha y en el brazo, que lo tenía colgado. Me preguntó si estaba herido, que lo de el no era nada (...) seguía dando órdenes y haciéndonos sostener el combate, mientras el con su único brazo sano se comunicaba con el comando, dando toda la información sobre el enemigo. No se como los ingleses habían tomado posiciones tan altas. Estaba hablando por radio a mi lado cuando recibió otro balazo en la cabeza que le entró por el pómulo derecho. El impacto lo tiro para atrás a Estévez. Yo ya no tenia miedo ni nada. Era como que esperaba tener a tiro a un inglés, o lo mató yo a el, o el me mata a mi. Y el Tte.desangrándose... Hubo un momento en que me rozaron dos esquirlas la cabeza, y el Tte. Estévez que agonizaba en silencio, me pide que me ponga el casco de un muerto. Me caían los hilitos de sangre por la cara. Cuando me volví a mirarlo, mi Tte. Estevez había muerto..."
Por esta acción, La Nación Argentina lo condecora "Al heroico valor en combate" siendo esta, la mas alta condecoración que existe; bajo la siguiente proclama:

"Al Tte. don Roberto Estevez, del Regimiento de Infantería 25. Dirigir un contraataque durante la noche, en una zona ocupada por fuerza enemigas superiores, para permitir el repliegue de efectivos propios comprometidos. Pese a resultar seriamente herido continuar con la acción, ocupar el objetivo asignado y mantenerlo en situación desventajosa, rechazando sucesivos ataques, oportunidad en la cual ofrenda su vida"
En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #5 en: Mayo 24, 2007, 08:31:09 pm »

"ASI LUCHARON"
extraído del libro de Carlos Turolo


En esta oportunidad a mí me corresponde participar en las operaciones en Malvinas como oficial de inteligencia del Regimiento. 4 de Infantería; mi grado es teniente primero.

La misión del oficial de inteligencia es estudiar todo lo que tiene el enemigo, ver los problemas en tiempo y espacio que va a tener que enfrentar y en qué posibilidad el terreno lo va a afectar también para sus operaciones, y luego uno saca conclusiones. Qué es lo que puede hacer, en qué oportunidad y con qué lo puede hacer para tratar de —con los medios que uno tiene— evitar que desarrolle esa capacidad.

Estaba en Buenos Aires capacitándome en una nueva especialidad en mi carrera, y luego del 2 de abril y todos los festejos y el alborozo patrio recibimos la orden de alistamos. A mí, como a los demás cursantes, nos corresponden distintas unidades de acuerdo con el arma a la cual pertenecemos. Me tocó el regimiento que había sido mi primer destino cuando era subteniente y con él fui a Malvinas.

Fuimos bajando toda la costa hasta Río Gallegos y luego cruzamos a Malvinas. Primero hubo problemas con la jefatura porque todos queríamos ir en el primer avión. Por las dudas, nadie quería esperar porque estaba próximo el bloqueo y si alguno se quedaba, por ahí no embarcaba. Realmente el jefe tuvo que poner su carácter para ordenar eso.

El jefe me asignó viajar con él junto con el oficial de operaciones que es otro asesor al cual necesita tener cerca y llegamos un día espléndido pero de mucho, mucho frío. Nos sorprendió el panorama muy pintoresco, el faro, aunque ya nos habíamos sorprendido antes del aterrizaje: las islas eran inmensas y había montones de islotes de todo tamaño.

Si bien en Comodoro o Río Gallegos había actividad intensa y uno entraba en el vértigo del ambiente de combate, llegar a Malvinas me causó una conmoción diferente. El aeropuerto estaba totalmente rodeado de tropas en posición, había tres o cuatro aviones desembarcando al mismo tiempo, distintos tipos de unidades.

A medida que llegaban se iban despidiendo los contingentes a marcha o con los equipos en camión hacia adentro de la isla.

Tuve la suerte de que el jefe me diera la misión de hacer un contacto en la casa del gobernador. Ahí por primera vez realmente vi la bandera. Fue una impresión muy particular y a través de lo que vi en las revistas, en seguida identifiqué el lugar donde cayó el capitán de Marina Giacchino.

Bueno, solamente un soldado puede comprender completamente a ese héroe y a esa bandera y lo que significan. Este fue el primer golpe emotivo. Si ese hombre cayó veníamos para dar el mismo tributo. Tenía conciencia y estaba convencido de que íbamos a dar combate. Tanto es así que las previsiones del jefe, lo digo sinceramente, fueron muy acertadas. En ese aspecto, pues, con miedo a que cayese algún avión distribuimos todo el equipo de forma de que en cada avión fuera un jeep, un cañoncito, un morterito, unos soldaditos de la pieza, un poco de fideos, un poco de arroz, munición, o sea todo repartido en cada avión.

Nos alejamos del aeropuerto unos tres kilómetros y nos tomó la noche en un lugar donde había unos barcos hundidos. Ocupé lugares de descanso muy precarios, llovía. Fue dura esa noche precisamente porque recién llegábamos, pero gracias a la previsión de repartir teníamos una cocina para nuestra comida.

A la madrugada siguiente empezamos una marcha de infantería pura con equipos, hasta cerca de Bahía Agradable —el cerro Wall— a unos diecisiete o dieciocho kilómetros. En ese lugar nos encontramos con unas tropas del Regimiento de Infantería 12. Nosotros teníamos inicialmente la misión de cruzar a la otra isla, a la Gran Malvina, pero empezaron a llevar el Regimiento 12 con los helicópteros a Darwin y nosotros quedamos allí dominando Puerto Harriet y Bahía Agradable o Fitz Roy, no sé con qué nombre lo conocieron acá ustedes a través de la prensa. O sea que estábamos asentados en los montes Wall, Challenger y Kent; este último es un monte totalmente dominante, como si fuese una cortina gigante que uno tiene adelante y que impide ver el otro lado de la isla. Quedamos como reserva helitransportada; una compañía mi se desprendió para reforzar las posiciones de otras unidades en otros lugares de la isla y quedamos un poco disminuidos.

Sobre todo porque nos agarró el bloqueo aéreo inglés con gente nuestra en Río Gallegos, con equipo que nunca pudo llegar a la isla.

Estábamos dominando —digamos— toda la isla, mirando hacia la Antártida. Apenas llegados, a altas horas de la noche, después de la marcha hasta esta zona que era totalmente anegadiza, tratamos de armar algún lugar donde dormir. Yo puse varios cajones de munición y dormí ahí, otro durmió arriba de unas bolsas de papas, otro durmió en un montón de piedras, otro se pudo poner en alguno de esos vehículos que nos habían quedado. Se dispersó la gente y se pasó al descanso.

A las cuatro de la mañana recibimos un ruido, primero muy distante y luego atronador. Pasó muy cerca, no dio tiempo prácticamente a reaccionar; había una neblina muy espesa en la zona nuestra. Al rato escuchamos unas tremendas explosiones y nos dimos cuenta de que habían bombardeado la zona de Puerto Argentino. Fue el gran bombardeo del 1 de mayo al aeródromo. Toda nuestra carga pesada que había quedado en el aeródromo, esperando ser movida, fue tocada. Perdimos material importantísimo. Había prioridades y nuestra carga quedó, pues se habían estado moviendo piezas antiaéreas con los. helicópteros.

No olvidemos que había que cruzar muchos ríos, bahías, y de los caminos. ni hablar. Nosotros el 1 de mayo empezamos a ganar la altura, mantener las posiciones, explorar, reconocer, tomar todos los contactos propios de un comando que está emplazándose. Reconocer las costas: un lugar muy, muy difícil. -

A partir de ahí se tomó más conciencia de la gravedad de la situación. No nos olvidemos de que nuestra unidad estaba totalmente al descubierto por el hecho de haber llegado a la noche a ese lugar. Ahí nomás se dio la orden de ocupar ciertos cerros y tratar de reforzarlos. Teníamos problemas administrativos por el material destruido en la pista y los aviones que no habían pasado, y debíamos replanteamos muchas cosas. Inclusive adecuar la gente y todo a otras alternativas y usos, a lo que teníamos.

La unidad quedó un poco desinflada en medios, pero se empezó a recuperar munición con apoyo de otras unidades y fuimos recuperando material que nos fue consolidando más en las posiciones.

Aparecieron los barcos y tiraban; nosotros observábamos el combate aeronaval. Veíamos los barcos, avisábamos en qué rumbo venían, la distancia, cuántos eran y, si podíamos, dábamos las características. Esto lo hacíamos mediante radares y observación. Informábamos a Puerto Argentino y de ahí se tomaban las previsiones. De noche evidentemente la fuerza aérea no operaba pero se fueron tomando una serie de medidas con cañones y artimañas. Los barcos, con el tiempo, empezaron a cuidarse algo. Nosotros estábamos a siete u ocho kilómetros de la costa y esos barcos operaban con helicópteros elevados. Siempre los tenían.

Los veíamos sobrevolar y empezábamos a hacer una contrabatería eficaz, tal es así que nos daba risa ver en el radar al helicóptero subir, bajar, cambiar de posición, porque venía espiando a ver adónde podía estar el cañón. También en las costas estaban previstas avanzadas de combate, grupos muy reducidos realmente muy valientes que se adelantaban hasta ocho kilómetros, todos los días y todas las noches, para tomar contacto con los ingleses por si hubiera desembarco. Eso fue muy duro, porque el camino a la costa era tremendamente difícil.

Después de la caída de Darwin, no puedo precisar realmente la fecha, hubo una serie de informes que nos advirtieron dónde estaban los ingleses. Estaban avanzando a unos veinte kilómetros de nosotros. Más allá de nosotros y hacia los ingleses, si bien había tropa nuestra, eran grupos reducidos que más que nada tenían la misión de dar la alarma e informar. Por nuestra parte, tuvimos una serie de experiencias, como encontrar restos de patrullas de comandos y elementos de ellos muy cerca de nosotros. No se daba el combate por casualidad, al no encontramos, frente a frente, pero encontramos, como dije, residuos que indicaban que por ahí andaban.

Ya sabíamos que los ingleses estaban y que lanzaban—igual que nosotros— gente para informar. Estas patrullas siguieron un poco así, sin combates, y la artillería todavía no la sentíamos, excepto la de los barcos que venían de noche; o de día cuando había neblina y seguían tirando.

En esa época empezaron a aparecer —y nos tiraron— los misiles antirradar, los antirradio, y a la vez empezaron para nosotros las limitaciones en el uso del radar y de la radio. También teníamos grandes interferencias, inclusive nos insultaban los ingleses. Aparecen ciertos elementos que nosotros no teníamos. Pero no pensábamos que nos iban a vencer. Nos decíamos: "Contra nosotros no van a poder". Con los que yo hablaba, la idea general era: había que darles con lo que fuera, con piedras o con lo que fuera. No teníamos malas armas, pero esas armas imponían un cuidado mayor que en el continente, por la gran humedad.

Inclusive el frío cambiaba muchas cosas, como sucede con un coche. No es lo mismo tenerlo en Buenos Aires que estacionado en Ushuaia.

En el monte Kent había una fracción destacada que se tuvo que replegar con los ingleses realmente pisándoles los talones. Llegaron a nosotros con los ingleses en los talones. Los nuestros iban por una punta del monte y los otros iban trepando. Esa fracción no tenía, por efectivos como por armas, capacidad de responder a un ataque importante.

A esta altura nuestros comandos ya habían entrado en combate con los ingleses en muchas oportunidades, pero por suerte se recuperó mucha gente: herida y todo, pero viva.

Los Harrier iban y venían, aunque más sobre Puerto Argentino; los barcos sí nos daban de noche y, como dije, descubriendo restos de los comandos ingleses cerca de nosotros, Tal era la situación. Ya se habían perdido helicópteros que nos restaban capacidad, y se habían perdido buques como el "Carcarañá", el "Isla de los Estados", el de Prefectura. - Los comandos nuestros que actuaban en la profundidad del enemigo nos hablaban de tremendas rutas de helicópteros ingleses. Ya sentíamos los helicópteros próximos en las noches cerradas sin viento.

Un día, a las ocho de la noche, llegó nuestro jefe, que había bajado al pueblo para una reunión de comando, y nos impuso la situación. Se apreciaron todas las posibilidades y no quedaba otra que pelear retrocediendo o arriesgarse a que nos agarraran justo en el repliegue

y hacernos fuertes en los montes Two Sisters y Harriet, y resistir allí.

En Harriet ya teníamos pequeñas fracciones, es decir, esto es como las manos. Uno pone las manos para que no le peguen en el cuerpo. Las manos de Puerto Argentino éramos estos grupos, pero en el momento en que una de esas manos siente que quema, para ese lado se mantienen las mayores prevenciones. No irse de boca pero pensar y tratar de apreciar por qué el enemigo va por ese lugar.

Se tomó la decisión de hacer el cambio de frente y dirigirse a Two Sisters y Harriet, donde el regimiento daría el combate. El repliegue hacia allí debía ser tipo relámpago. Se decidió qué era lo que no servía y salir con todas las armas, munición, medicamentos —en fin, el equipo—, para lo que nos asignaron tres helicópteros. La orden era mover de noche todo lo que se pudiera y reunir el material pesado en determinados lugares para ver si los helicópteros podían sacarlo al otro tipo de material, bajarlo hasta donde llegarían tres camiones, y luego bajar la gente. Para colmo, a las diez de la noche, vinieron los barcos, empezaron a tirar y encima comenzó a nevar; así que realmente fue caótico.

Tuvimos que suspender durante dos preciosas horas la bajada de los cerros en la oscuridad, porque nevaba y los barcos estaban tirando. Afortunadamente después los barcos desplazaron el fuego hacia otro lado, la nieve acabó y quedó un gran colchón. A eso de las tres o cuatro de la mañana —no olvidemos que hay oscuridad hasta las ocho de la mañana— pudimos seguir bajando con la gente. Con las primeras luces, la gente estaba cargando camiones y continuando a pie. Otra gente cargaba los helicópteros y nos quedamos con una pequeña defensa antiaérea. Aparecieron los Harrier cuando afortunadamente los helicópteros se habían ido, pero atacaron nuestras columnas de marcha. Es decir, tropas reunidas en un camino, camiones cargados reunidos también —quiero decir en un lugar muy visible y expuesto—, y nosotros, desde la cima del cerro donde esperábamos los helicópteros, empezamos a disparar contra los Harrier. No sé si habrá caído alguno aunque le pegamos cualquier cantidad con munición trazante, pero no podemos decir que los hayamos visto caer.

Los aviones ingleses volaban día tras día, a cualquier hora, nos fotografiaban y ¡hasta les hacíamos caritas! Esa es la verdad. Nos atacaban con distintos resultados, especialmente sobre algunos depósitos y material. También nos volaron unos camiones y fuimos teniendo bajas pero por suerte y por entonces leves; o sea, heridos.

Volviendo al ataque de los Harrier que estaba relatando, tuvimos que suspender los helicópteros y la gente continuó replegándose, aunque fuera entre las piedras. Fue muy duro ese repliegue por todo el problema este, que es como que a uno lo encuentren en piyama en su casa.

Esa mañana mientras nos atacaban los Harrier, recibimos desde territorio enemigo un comando que era el único que quedaba de una patrulla. Nos informó con más claridad dónde estaba y qué movimientos había hecho el enemigo. Este comando volvió realmente desgastado, hecho pelota, con toda la ansiedad por explicarnos lo que había observado. Los demás compañeros quedaron, no volvieron. Después, con el tiempo, se confirmó la muerte de algunos y otros aparecieron heridos en las líneas inglesas.

Ya en el monte Harrier nos desplazamos con frente a Darwin y a San Carlos. Ahí sí ya tuvimos nosotros combate de patrullas. Además esa misma noche ya nos estaban disparando con artillería de tierra o sea que, sí nos hubiésemos quedado en e~ otro lugar, en este momento no estaría acá; o sí, pero no hubiéramos tenido entonces la dignidad con que pudimos combatir. Porque uno va a llevarle gloria a la Patria, pero no va a morir porque sí. Uno quiere héroes vivos, al menos eso es lo que le pedía a nuestros soldados. -

En la madrugada siguiente una patrulla fue a la antigua posición nuestra, y ya estaban los ingleses allí. Tuvimos entonces nuestras primeras muertes; muertos que intentamos recuperar con otra patrulla pero al final no se pudo.

En todo momento, salvo cuando había fuertes vientos y nevaba, los helicópteros ingleses eran dueños de la noche y la artillería empezó a concentrar fuego sobre nosotros. Tiraban una bengala y había una concentración en cincuenta metros cuadrados y así fueron batiendo los cerros. La artillería inglesa nos podía batir pero nuestra posición le impedía batir a Puerto Argentino y en esa situación estuvimos aproximadamente diez días. Los helicópteros enemigos se veían a simple vista y la artillería descargó su mayor violencia sobre nuestras posiciones. Tuvimos nuevos contactos nocturnos de patrullas y combates entrecortados, dispersos y rechazados,

Así como nosotros teníamos comandos en ~ dispositivos, ellos tenían los suyos metidos en los nuestros. En esa gran extensión que cubríamos, como los dedos de una mano, quedaban claros: era imposible cubrirlos con esos efectivos.
En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #6 en: Mayo 24, 2007, 08:33:21 pm »

SEGUNDA PARTE ASI LUCHARON

Al regimiento le tocó realmente una difícil misión; era muy duro estar en la violencia de la artillería día y noche... Le tiraban al camión de la comida, le tiraban a la cocina, le tiraron... en fin tiraron a todos lados. Pero también les contestábamos de vez en cuando con nuestras baterías, con nuestros morteros, siempre tratando de no delatar nuestras posiciones, pues ya sabíamos los radares que usaban: cuando tirábamos con morteros ahí nomás caían diez o veinte proyectiles en segundos. Ese fue un gran problema. Realmente era una lluvia de proyectiles ingleses.

Hasta ese momento teníamos cuarenta bajas. Nuestras patrullas, pequeños destacamentos dé diez o quince hombres, comenzaron a chocar con efectivos de cuarenta, cincuenta, sesenta hombres de ellos. Era evidente que estaban acercando gente, y así como nosotros chocábamos a retaguardia de ellos, los ingleses a su vez chocaban a retaguardia nuestra con efectivos nuestros. Era como los tanteos iniciales en el box, o sea el primer round. Les causamos muchas bajas a ellos; realmente era destacable la actuación de nuestros comandos. Nosotros recibíamos estas patrullas diezmadas, con sus heridos y sus muertos también. Pero los ingleses también salían con sus muertos y heridos y uno sentía la satisfacción de la revancha. Fue muy parejo.

Hasta ese momento la parte nuestra se mantenía bien y en las patrullas de nuestro regimiento actuaban soldados voluntarios, y en los comandos —por supuesto— eran todos oficiales y suboficiales.

Había muchos helicópteros de ellos; para nosotros mover la munición significaba tal vez tres noches sin parar—bajo el fuego y con la carga al hombro— subir al cerro mientras ellos cómodamente con los helicópteros llevaban el triple de munición en un ratito.

Un día de gran neblina hubo una serie de choques con el frente de las compañías nuestras; choques grandes en los cuales se empeñaban ya efectivos nuestros, importantes en hombres.

Esta neblina nos tuvo así unos seis días, que ellos aprovecharon y ya medio estaban tocando los flancos nuestros. lero el regimiento seguía resistiendo bien y empezamos a cambiar de posición ciertas fracciones. Cambiamos las armas pesadas de lugar para evitar que con el conocimiento que obtenían por la mañana, les sirviese para tener éxito por la noche. Varias veces pasó que sus ataques cayeron al vacío, precisamente por estos cambios, así que se quedaron en nada.

Hicieron dos ataques a fondo; digo a fondo cuando se llega a la profundidad nuestra evitando el combate y tratando de golpear en el lugar último y más importante de los nuestros. Los rechazamos a cincuenta metros, con todo nuestro fuego, tirando con nuestros morteros. Se nos metió este ataque como un puñetazo en el hígado porque evitaron la parte más fuerte. Entraron con una neblina terrible y ya no teníamos radar antipersonal porque el fuego enemigo lo había dejado fuera de combate, y atacaron pegando en el costado, en el lugar neurálgico de nuestro dispositivo.

En el primer ataque los "aferramos" al terreno y pienso que podríamos haberlos aniquilado, pero apareció la artillería de ellos y realmente fue imposible. No pudimos arrasarnos porque el fuego de artillería era tremendo. Eso pasaba siempre: a veces teníamos solamente cuatro ingleses rodeados, y aparecía toda la artillería inglesa tirándonos.

Otro ataque se hizo una posición de nuestro regimiento a la derecha, pero de frente a nosotros; o sea otra vez trataban de vencer la resistencia pero los rechazamos. Esta vez pegaron en una posición muy fuerte que teníamos, pero a Dios gracias fue rechazado nuevamente con éxito. También hicieron una maniobra de distracción contra nuestro puesto de comando, que rechazamos. Aparecieron también barcos tirando, pero les falló, porque el ataque que chocó de frente contra la posición que mencioné fue. rechazado, como dije.

El teniente primero C.A.A. estaba al mando de la compañía que rechazó el ataque principal. Este comando era muy fuerte, tenía coheteras hechas con restos de un Pucará, ametralladoras; estaba super reforzada, y tenía además una cosa muy homogénea.

Hay un detalle en este ataque que vale la pena mencionar. Después de rechazar el ataque al puesto de comando, como ya dije, nos dimos cuenta en ese momento de que los ingleses habían aproximado gente a "caballo" de la costa y que ya, por nuestros efectivos, no podíamos ocupar esas posiciones. Empezamos a recibir fuego de artillería también.

Un comando —el capitán J.E.J.— aislado, solo entre los ingleses, consiguió llegar a la parte superior del monte Kent, ubicar y contar todas las bocas de fuego. Nos tiraban treinta y dos cañones, Realmente meritorios eran los comandos. Eran sin duda tropas especiales, gente que vive más allá de la vida y de la muerte, encomiable.

Bueno, volvernos a la gente que se había aproximado a "caballo" de la costa y de donde recibíamos fuego. Empezamos ahora a recibir fuego de armas más livianas, es decir, empezaron a acercarse morteros. Nos estaban tirando desde tres kilómetros, y con ellos a unos pocos metros menos, nos podíamos batir con ametralladoras. Bajamos y hubo varios choques de grandes efectivos rechazados, sobre todo en el otro cerro, no en el que yo estaba. Esas noches fueron todas de pequeños o grandes combates pero, sobre todo, permanente fuego de artillería día y noche. Hasta las ocho de la noche la artillería de campaña, y aproximadamente desde las veintidós empezaban los barcos. Tres, cuatro, con una velocidad de disparo tremenda. Tiraban al cerro, como pegando a una pared. Corrían treinta metros, tiraban ahí y otros treinta metros y volvían a tirar, cuadrado por cuadrado.

Era como una máquina automática: tá,.. tá... ta... tá, pero contra el cerro, así que uno vibraba todo. Realmente vibraba y caían piedras. A eso hay que agregarle los Harrier, que también aparecían. A partir del dos de junio llegamos a estar por las noches sesenta por Ciento levanta. dos y cuarenta por’ ciento durmiendo.

Bueno, volviendo nuevamente al tema de los morteros que acercaron esa noche, ya nos complicaba más porque ésta es un arma que, si no se tiene un radar, es muy difícil de detectar, pues se escucha menos y a uno le sorprende el proyectil. El teniente primero C.A.A., que como relaté, resistía el ataque principal desde otra posición, empleando el fuego de todas sus armas, dio vuelta un mortero y empezó a disparar bengalas permanentemente a los ingleses que nos atacaban a nosotros en el puesto de comando del teniente coronel. Así que pudimos rechazar y definir mucho mejor, pero ahí nomás sobre las bengalas empezó a tirar artillería de ellos y, debo decirlo, con eficacia "execcional" como dice Nimo.

Porque la artillería es raro que pegue sin dispersión y esto sucedió como si pusieran el dedo en un lugar y ahí caían cincuenta proyectiles. Eso se debe a equipo y también a entrenamiento. Con una tropa con mucho tiempo de instrucción, nosotros también lográbamos eso. No hablo de cadetes del Colegio Militar o suboficiales, que a ésos uno los tiene en un camión con todos los morteros desarmados y en un lapso de un minuto, a más tardar, están abriendo fuego.

A través de estos ataques sacamos mucha experiencia sobre los equipos que convenían; corrimos también nuevamente las armas y reforzamos con tropas.

El teniente primero C.A.A., a su vez, estaba bien en contacto con el enemigo, tan en combate casi cuerpo a cuerpo, que trataba de replegar heridos y romper el contacto para poder tirar con armas pesadas. Logró hacerlo, y así pudo rechazarlos. De esa forma, tirándoles con sus propios morteros y ametralladoras.

Previamente, había habido combate hasta a diez o quince metros, inclusive heridos nuestros quedaron entre los ingleses, se hicieron los muertos, y gracias a Dios los tenemos acá. Ese fue el segundo ataque.

No voy a hablar del estado espiritual que teníamos y de los capellanes que había. Ellos ven una dimensión humana tal vez mayor y superior que la mía, que soy combatiente. Yo miro mucho a la gente, me gusta ver las reacciones y ya a esa altura yo tenía idea de cómo actuaba el personal y evaluábamos con el jefe del regimiento dónde podríamos tener problemas y de qué modo los oficiales de la plana mayor nos haríamos cargo de distintas situaciones. Ya a esa altura tratábamos de modificar lo que la experiencia nos decía. Tácticamente no aprendíamos nada, pese a que, como dije, notamos que tenían una precisión en los fuegos muy superior a nosotros.

Ellos tenían mucho equipo para la noche y eso lo advertíamos. En los choques diurnos de patrullas salíamos bien. Tratábamos de ganar el día para, ahí, poner las cosas en claro con los ingleses. Siempre nos iba bien ahí.

En ese momento teníamos’ raciones encima para cinco días desde el jefe al soldado (me dicen que las raciones las habían hecho en la Rural), porque ya realmente la cocina no iba más, ya nos habían bombardeado el camión tres o cuatro veces.

Ya no los teníamos desde el monte Wall y el Kent solamente, sino también desde nuestra izquierda. Nos estaban amenazando, pero igual el regimiento tenía que quedarse. A retaguardia, a unos cinco o siete kilómetros, teníamos un batallón de Infantería de Marina —el 5— que sería nuestro apoyo, de existir un repliegue. Cambiamos nuevamente las armas de lugar sobre todo las más pesadas y empezamos a preparar ese flanco amenazado. Pero era difícil iniciar una obra, inclusive por el desgaste del personal. Muchas veces no iniciábamos una obra por el hecho de cuidarlos un poco más, para que estuvieran más enteros para la noche. Durante el día prácticamente no dormíamos por la artillería y durante la noche, menos

—dos o tres horas de sueño—, por el combate. Esto no se notaba evidentemente pero para esa época teníamos un desgaste no en lo espiritual, pero sí en la parte física. Lo notaba en cosas como que a un hombre se le mojaran los borceguíes y se los dejara, no tratara de secarlos; o cuando el hombre no se toma la molestia de tratar de calentar la comida aunque cueste, cuando al hombre tal vez se lo ve un poco callado.

Tengo que decir que la violencia de la guerra ya era total en nuestro caso. Ya a nosotros no nos faltaba nada a ese respecto, pues para esa fecha, alrededor del nueve de junio, estábamos viviendo la totalidad de la guerra.

Era una guerra abierta, con todo, vivíamos en combate. En todo movimiento de efectivos que hacíamos nosotros, que tenía que ser al descubierto en los valles, cruzar de un cerro a otro u ocupar posiciones en los lugares adelantados, nos tirábamos mutuamente. Es decir, un hostigamiento total. Había mucho combate, con entrecruzamiento de fuego de ametralladora. Eran combates de fracciones, secciones, que chocaban con los ingleses. Se aproximaban también helicópteros y les respondíamos con fuego de ametralladoras antiaéreas. Ya no solamente escuchábamos la artillería sino que veíamos los hombres, las armas automáticas. Ya sabíamos dónde vivían, quiénes eran y dónde hacían la letrina. Y ellos también de nosotros.

En esa situación yo creo, supongo, todos habíamos encomendado nuestras almas a buscar una dignidad por la cual vivir. Lo que significaba que teníamos que estar preparados para las más duras circunstancias. Eso se hablaba con los soldados y el teniente coronel ya había recibido una orden terminante de nuestra situación y de lo que de nosotros esperaban. Esto no quiere decir que se debiera pensar en morir sino en vivir en una patria digna, importante. Sí: teníamos que tener una clara conciencia de que había que batirse hasta el final. Se habló con el jefe del regimiento de esto y pensamos que no nos íbamos a replegar mientras pudiéramos pelear. Y lo íbamos a poder hacer, lo más importante, manteniendo las armas pesadas, de las que no queríamos desprendernos. Si nos replegábamos, temamos que ir por un caminito batidos totalmente por los ingleses y sin armas pesadas. En ese caso íbamos a tener que pelear con FAL contra cañones, morteros y todo lo que pudieran poner los ingleses. O sea, el general J. esperaba de nosotros, y el teniente coronel lo sabía, que no nos replegáramos mientras hubiera una posibilidad de no hacerlo. Yo estaba en un agujero de piedra, a cuatro metros de mí había dos soldados en otro agujero de piedra arriba un cabo y así seguía. Eramos los hombres de las cavernas y compartíamos, es decir, uno prendía un fueguito del lado donde no podían ver los ingleses —para evitar que nos tiraran— y en una lata de aceite de cinco litros poníamos una o dos raciones, no importa de quién. Era vida colectiva, otros tiraban un poco de polenta y comíamos a cuchara, todos reunidos, o nos pasábamos la lata si había mucha artillería. Tomábamos agua del lugar, había agua de charcos, agua elevada. Nuestra gente, nuestro regimiento, se hizo a la vida dura y no nos pasó nada. No tuvimos colitis, disentería, tiada, nada. No teníamos ni resfriados, eso es lo que más sorprendía: que en ese clima realmente duro, ‘no tuviéramos ni un resfriado. Nadie vino a decirme tengo gripe, me duele la cabeza. Sí tuvimos algunos que tuvieron enfriamiento de los pies e inmediatamente, bajo el fuego, se los evacuó.

Justamente hay un capitán por el que tengo un sentimiento muy especial realmente de admiración. Este hombre era logístico, un hombre que está a retaguardia llevándole a la primera línea todo lo que sea posible, todo lo que necesite; aunque uno pidiese lo más descabellado, este hombre aparecía con algo. Así apareció con las coheteras del Pucará que, como creo ya dije, usaba para disparar la compañía del teniente primero C.A.A. en una adaptación casera y de ingenio, pues son de avión. Hasta con cacerolas inflables hubiese aparecido.. - con cualquier cosa. No nos olvidemos de la situación crítica en la que llegamos, cuando el bombardeo del lo de mayo destruyó gran parte de nuestro equipo en el aeropuerto, y cómo terminó combatiendo el regimiento. Todo eso se debe a este hombre que nos trajo de todo, nos amontonaba cosas, no nos alcanzaban las manos con que tirarles a los ingleses. Ese era el capitán J.R.F. Este hombre, además, no obstante ser logístico, tomó un jeep de evacuación y llevaba heridos e iba rezando el Rosario de vuelta—bajo el fuego— con los heridos. Y créanme que para un herido que está asustado o lo que sea, en ese momento la palabra de Dios es importante.
En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #7 en: Mayo 24, 2007, 08:34:51 pm »

TERCERA PARTE ASI LUCHARON

Estos actos se transformaron en algo diario. El soldado que venía con un tacho de comida también era un héroe porque llegaba en una de ésas con la manija sola o con la polenta llena de tierra de las explosiones.

O por ejemplo, el soldado S. que en el ataque nocturno que conté que rechazamos, se prendió a una ametralladora y no lo podíamos bajar ni después que se habían ido los ingleses. Seguía tirando. Y el día que aparecía un Harrier, mejor estar en cualquier lugar menos cerca de la ametralladora esa, porque él giraba tirando para todos lados. El único lugar seguro era detrás de él. El combatía contra el Harrier y se olvidaba del mundo; este soldado era un ejemplo.


Y ni que hablar de la "picardía" de muchos de nuestros soldados. Nuestros víveres calientes, es decir, nuestros zapallos, arroces, fideos, estaban a retaguardia, a muchos kilómetros, porque le tiraban tanto a la cocina que cuidaba mucho ya la comida. Entonces cuando uno traía víveres, traía tal vez mil kilos y llegaba siempre menos porque la diferencia quedaba entre los cargadores: se llevaban su paquetito de polenta, de arroz, de fideos, cada uno la mejoraba a su manera y nosotros hacíamos la vista gorda. Y con respecto a los cigarrillos —yo no fumo nada, aunque ahora sí porque estoy muy aburrido en el hospital—, era una cuestión muy colectiva. El que sacaba cigarrillos convidaba a todos sea quien fuere, jefe o no jefe, no había problema. Y el soldado estaba permanentemente pegado con las múltiples anécdotas y todo lo demás. Pero sí puedo decir que el cuerpo estaba fatigado, no la mente ni el corazón, pero el cuerpo sí.

El día 12 de junio, creo que fue el 12, ya los veíamos venir; ya habíamos visto efectivos grandes después del desembarco inglés en Bahía Agradable; también nosotros habíamos pedido que atacaran a esos barcos porque los dominábamos con la vista. Este desembarco fue atacado por nuestra aviación, como se recordará, y como digo, nosotros pasábamos información de lo que veíamos. Ahora sabemos que los ingleses trajeron ahí tres regimientos. Una tarde localizamos fracciones que avanzaban y los rechazamos con artillería y morteros. No sé si habrán sido de esas tropas o de otras enemigas. ,Para nosotros en ese momento eran todos ingleses para el otro lado. Después sí, al caer herido y prisionero me fui informando de muchas cosas que me dijeron ellos mismos, como qué gente venía marchando, quiénes desembarcaron. En fin, me fueron completando el panorama de lo que había pasado.

Bueno, así llegamos al 12 de junio, al que sería el combate final para mi regimiento, algo desgastados. Dormíamos acurrucados y cuando se oía un disparo o una bengala salíamos porque más allá de todo uno es director, conductor, pero éstas son cosas naturales de la guerra.

Llega como digo el combate final, que empezó con ráfagas del lado de la costa pero abajo del cerro nuestro, creo que fue el 12 repito, después me dijeron en el "Uganda" que era el día en que había venido el Papa; ahí me enteré que había venido y por supuesto debe haber venido Dios con él.

Antes de seguir voy a resumir un detalle que olvidé decir. Otra vez habíamos cambiado las armas de lugar apreciando más o menos lo que los ingleses pretendían.

O sea de acuerdo con lo que el enemigo pretende, el arma no se puede poner en cualquier lugar. Se busca que tenga la mayor protección posible, la mayor posibilidad de disparar, de cubrir la mayor cantidad de terreno posible, aunque siempre va a haber ángulos muertos. Por ejemplo: si yo estoy en una ventana veo muchísimo, pero no veo pegado a la ventana. Ese es un ángulo muerto. Las armas que se cambiaban eran las MAG, los morteros y las 12,7. La 12,7 es una ametralladora que se ve montada arriba de los tanques; son las ametralladoras grandes, muy pesadas. La MAG lo es menos, pero lo que pasa es que la MAG tira mil disparos por minuto. Una MAG reemplaza a un montón de fusileros. O sea que esa MAG vela por diez hombres o veinte o treinta que hay en la sección, pero hay una 12,7 que vela inclusive por la MAG. Esa es la importancia de la 12,7 que, además, es antiaérea.

Cambiar de posición las armas es aparte de lo que expliqué buscar un lugar, otro lugar dominante desde donde se pueda atacar al enemigo sorprendiéndolo, tal vez por un flanco; es decir, hay que tratar de no ir a la "cara". Si se lo agarra por la espalda, mejor, que ésa es la ley de la guerra. Uno trata de evitar el mayor daño propio posible y provocarle los mayores dolores al enemigo.

Así que corrimos, como digo, otra vez las armas pesadas y con una oportunidad increíble. Muchas veces uno aprecia, pero no sabe con seguridad si el inglés va a hacer eso; afortunadamente esa noche, en este aspecto estuvimos muy acertados. En otras oportunidades fueron los ingleses los que nos causaron sorpresas a nosotros.

Nosotros teníamos nuestras vulnerabilidades: estar muy distanciados de Puerto Argentino, ser un efectivo desparramado en un amplio frente; pero dados esos medios y lugar geográfico, tenía que ser así. La misión que se nos había dado era rechazarlo, desgastarlo, provocarle el mayor dolor de cabeza al enemigo. Lo que queríamos era provocarle tanto daño que los ingleses se parasen con la bandera blanca en el monte Kent y ya no quisiesen saber nada más, más o menos eso. No pudimos y al fin levantamos la nuestra, pero la realidad es ésa.

Vivíamos pensando en los detalles: el disparo, una luz, el fuego, el radar, ruidos de helicópteros; es decir, cada uno de nosotros era un radar en potencia. Nos consultábamos y las inquietudes llegaban a la plana mayor y al jefe, y evaluábamos qué estarían haciendo los ingleses en la noche.

Esa noche, la de nuestro combate final, estaba —digamos— en "corte y costura" haciéndome un chalequito para poner los cargadores, que iba a ser mucho más cómodo, y estaba cosiéndolo. Viene a ser, como digo, un chalequito para colocar todo: cargadores, pistola, etc. Entonces uno puede estar tranquilo comiendo y sin el peso de esos, más o menos, diez kilos. Cuando empiezan los tiros, uno agarra el chaleco y sale corriendo para el lugar de los tiros. Sabe que lleva todo ahí y no el cinturón por un lado, la pistola por el otro y por ahí se olvida la linterna y todas esas cosas. Así que con una linda velita de dos centímetros, el último cabito que me quedaba, estaba de costurera, en realidad no lo pude hacer antes porque estaba mojada esa ropa: el "chaleco" era una vieja camisa mía.

Cuando estaba en esto, oigo: Prrr... prrr. -. prrr, es decir, disparos esporádicos como a cuarenta metros abajo. Me pareció que era más lejos sobre todo porque eran esporádicos, por lo reducido del fuego. Al rato, prrr. - - prrr... prrr. Ya por ahí dos ráfagas más, cortas, breves, abajo; ya estaban más cerca, a veinte metros. O sea que ya podía ver entonces por una ranura del agujero donde estaba yo metido que era todo roca y me metía parado, como todos. Eramos ratas realmente, pero por eso pudimos aguantar tanto tiempo la artillería. Por una ranura, repito, traté de ver. Escuché también hablar como a trescientos metros de mí. Gritaban en inglés y gritaban en castellano para el lado donde teníamos los morteros pesados, siempre sobre la dorsal del cerro.

Esta sección fue la primera atacada y estaba a cargo del subteniente J. que ahora está en silla de ruedas, herido. Evidentemente fue una infiltración grandísima. Por los informes que tengo hasta ahora no puedo precisar exactamente el punto por donde entraron, pero sí sé que entraron por el flanco que teníamos totalmente cubierto, que era el de la costa que iba para Puerto Argentino. Lo teníamos- minado, ese campo minado costó mucho tiempo, costó sudor, costó bajas, y se pusieron esas minas que pesan veinte kilos. Lo que pasa es que es como todo. Aunque a uno le pongan campos minados, si tenemos que atacar, atacamos igual y ya veremos por dónde pasamos. Esa misma determinación —pienso— la tenían ellos. No nos olvidemos de que eran profesionales y actuaban como tales —hablo de gente seria que sabe lo que quiere y lo que está haciendo. No es lo mismo alguien que estuvo un año en la Facultad de Medicina que un médico recibido. Así que ellos actuaban correctamente, pienso, como queríamos hacerlo nosotros.

Pero esa noche empezó, como digo, ese fuego de distracción debajo de mi pozo y mi problema era que estaba muy próximo. Cuando miré, vi las bocas de fuego, aunque no me tiraban a mí, a Dios gracias, sino que tiraban más arriba hacia la izquierda. Pienso que era para distraernos mientras atacaban a los morteros en un silencio total. Y allí, además de las voces se escuchaban ya el bombazo de una o dos granadas, dos o tres ráfagas de ametralladoras; todo esto siempre en el cerro y no había luna todavía. Se notaba una confusión allá y evidentemente algo pasaba aunque no sabía exactamente qué. Allá, como digo, a trescientos metros.

Mi posición, o sea mi pozo, estaba detrás como de un escaloncito de un metro y allí estaba yo. Como a quince metros había una carpa de unos suboficiales que habían puesto ahí su equipo, porque realmente no entraba el equipo de uno en el hueco.

Entonces, vi que los ingleses que ya estaban a quince metros, evidentemente creyeron que en la carpa había gente y se engolosinaron tirándole y tirándole. Se acercaron más hasta que vi que estaban a dos metros de la carpa y, lo peor, que estaban ya casi a mi misma altura. Como yo arriba de mi pozo terna un poncho impermeable, pensé que el brillo del rocío me iba a delatar en la noche pues ya salía la luna y ellos mismos empezaban a tirar con bengalas. Yo había preparado el chaleco con la pistola, los cargadores, dos granadas, y vi que estaban muy próximos. Cuando llegasen a mi altura me iban a ver, a mi me hubiese convenido que estuvieran más lejos para poder salir con más libertad. Además, yo no tenía un arma larga pues era el oficial de inteligencia y tampoco tropa a mi mando pues era un asesor del jefe del regimiento. Entonces, armé la granada y preparé la pistola. Ya estaban casi a mi altura, los escuchaba: estaban ahí no más.

Tiré entonces la granada hacia la izquierda y escuché plac... plac... plac... plac... y pensé: "No pasa nada... ¡sonamos!", y entonces, hubo un gran bombazo, ¡Brroooommmm! A Dios gracias.

Oí un quejido, un grito, una mala palabra o no sé qué

—fue en inglés— y de ahí no salieron más tiros, pero ya había como cinco armas más tirando. Afortunadamente un poco desplazadas hacia mi derecha, y hacia ahí tiré cuatro o cinco balazos con pistola, así, rápido, prácticamente sin apuntar, en la oscuridad, entre las piedras. Y me preparé a escuchar, ya que lo único que me quedaba en ese pozo era escuchar si alguien se aproximaba y tirar al cuerpo.

En ese momento escuché más abajo estas armas que estaban más arriba; o sea, se habían replegado al escuchar la granada. No sé qué habrán pensado pero se fueron para atrás. Y ahí sí ya no eran los cuatro o cinco hombres que avanzaban sino diez o quince armas que abrían fuego. Ahí sí me empezaron a tirar porque descubrieron ¡ni posición por los tiros de pistola, porque con la granada no era posible. -

Tuve la suerte de que apareciera un correntino, no sé de dónde salió. La cuestión es que éste no me vio —tan disimulado estaba mi pozo—, y me puso el FAP arriba de la cabeza. Me dejó sordo. ¡Rrrrr...! Y le dije: "Escuchame ¡pará!" Casi me rompe los tímpanos. Me acordé de toda su familia. Le pedí el FAP porque yo tenía localizados a dos o tres ingleses que se habían puesto detrás de
una piedra grande.


Me dio el FAP y empecé a tirar y el soldado correntino no entendió bien y se metió al pozo también. Si yo apenas entraba parado, los dos estábamos calzados ahí. Yo no podía echar para atrás el brazo para tirar y era un despelote los dos en el pozo. Entonces el milico me dijo:

"Mi teniente primero, yo creí que entrábamos los dos: voy a salir". "Si no me puedo ni mover", le contesté yo. Entonces le hice pie, salió de nuevo, le di el FAP, tiró él y salí yo; pero no podíamos movernos mucho porque la pendiente hacia atrás era tan pronunciada que no teníamos defensa. Apareció en eso una 12,7 o sea el bendito soldado S. en acción y empezó a tirar, y a tirar, y a tirar’. Yo paré entonces el fuego de FAP esperando ver de qué modo podíamos sustraernos y buscar una mejor altura. Pero junto a S. y su 12,7 empezaron a tirar desde aquellos trescientos metros de que hablé antes, con armas automáticas. Primero pensé que, como nosotros teníamos tropas allí, nos tiraban equivocados, y después me di cuenta de que eran armas de ellos. Así que la cosa se puso fea. Había dos cabos en dos pozos que estaban en la misma situación que yo había estado, sin poder salir y no podían ni agarrar el fusil. Entonces agarré el fusil de uno de ellos, que tenía un problema en la vista, hice fuego y empezamos a replegarnos combatiendo hacia arriba, o sea respondiendo con el fuego al fuego y todo al descubierto.

Desde la posición de donde tiraba el soldado S. aparecieron dos o tres FAP más pero la que nos salvó fue su 12,7, que los obligó a los ingleses a meterse en donde Dios les diera lugar. Era impresionante cómo tiraba esa 12,7. Y eso también hizo que el fuego no se concentrara sobre mi sino que se dispersara y así pude empezar a responder el fuego porque, como dije, tomé un FAL y el suboficial me dio cinco cargadores, que con dos de un soldado hicieron siete. Además tomamos un cajón de munición que teníamos guardado. Destapado y todo listo para combatir. Lo empezamos a correr y a combatir de costado. Es decir, no desplazándonos para atrás sino combatiendo contra los ingleses lateralmente, para ganar altura, siempre apoyándonos mutuamente: uno tira, el otro pasa; uno tira, él otro pasa. Podría decir como en el cine, porque en el cine, en realidad, hacen lo que la guerra manda, aunque exageran —o pensándolo bien— se quedan cortos en algunas cosas. Porque he vivido cosas que no me las olvido más y que prefiero verlas en cine y no ahí.

Lo sorprendente de este movimiento es que nos tuvimos que organizar lateralmente porque nos tiraban desde abajo y desde arriba, así que de esa forma llegamos a la altura. Mientras fuimos avanzando lateralmente, S. seguía tirando y otros fusileros también. Es decir, se va reforzando el lugar del ataque principal que ya veíamos que era un ataque muy serio. En la posición que yo había abandonado, los ingleses tenían ya unas treinta bocas de fuego y en la parte donde me estaban tirando ya había advertido unas ocho. Es decir, gente que venía avanzando por la altura, y a su vez, tratando en el medio de esto, de ganar altura, justo antes del puesto comando. Unos setenta metros, más o menos, gané de altura.

S. siguió tirando, escuché dos morteros descartables—son como una gran granada— que-le tiraban y al segundo pensé que le habían dado, pero al rato otra vez:

¡Rrrrr! - -. iRrrrr! y los ingleses de nuevo a tirarle. Así transcurrieron las horas y el soldado S. reaparecía tirando. Es típico el ruido de la 12,7, en comparación con las otras armas. Y era mi flanco, un flanco muy importante; el soldado S. me cuidaba ese flanco y me confié en él.

Apareció también el teniente A.G. con unos soldados; no recuerdo la cantidad. Me lo encontré en la media pendiente; yo ya tenía los dos cabos y cuatro soldados. Entonces me fui al puesto comando para avisarle al teniente coronel cuál era la situación, aclarándole que ya no era un golpe sino un ataque definitivo. Esto lo hice después de cruzarme en la pendiente con el teniente A.G. y sus soldados. Los cabos y los soldados quedaron en posición, excepto el soldado G. que fue conmigo al puesto comando. El soldado G. fue realmente mi guardaespaldas, porque los ingleses ya nos estaban tirando a dos metros de nuestras cabezas, como mucho, y correr ahí a través del cerro no era fácil. y. me cubría. Llegué al puesto de comando que era un agujero grande con la radio, y el teniente coronel D.A.S. estaba hablando con el general J. Estaba dando la situación y explicando la necesidad posible de un inmediato fuego de artillería a pedido, con los cañones más grandes, los SOFMA.

El puesto de comando se encontraba a unos setenta metros del lugar donde dejé a los cabos con los tres soldados y me fui con G.

Ya había advertido que a mi izquierda, a unos cuatrocientos metros tirándose hacia un pequeño valle por unas grandes piedras —hablo de piedras de cincuenta metros por doscientos de largo—, se estaba combatiendo pues se veían las trazantes. Es decir, se estaba generalizando el fuego. Desconozco qué pasaba en la primera línea, realmente.

Ya teníamos una idea de los efectivos que había en esta área, los que eran muy superiores a nosotros pues estaban calculados en unos trescientos a cuatrocientos hombres, por lo menos, ya vistos. Todos comandos ingleses. Luego de explicar la situación me volví adonde había dejado a los dos cabos y los soldados.

Allí observé que los ingleses habían avanzado más sobre nuestra izquierda. Por supuesto todo esto había transcurrido en una o dos horas. Regresé nuevamente al puesto de comando e informé que yo aguantaba la situación en mi frente, pero donde no podía aguantar era en mi flanco, porque no tenía efectivos y yo ya recibía proyectiles a uno o dos metros de altura, lo que significaba que los ingleses habían avanzado la pendiente; porque primero, siguiendo la pendiente natural pasarían los proyectiles a unos veinte metros de mi cabeza pero pasando a uno o dos, estaban muy, muy próximos. Además, recibimos algún fuego de rebote de bala perdida de nuestra izquierda también.

En ese momento empezaron a caer bengalas sobre el puesto de comando y parecía "Alicia en el país de las maravillas" porque caían una, dos, tres, cuatro bengalas... Llegué a contar hasta catorce bengalas en el aire, una arriba de otra; parecía un arbolito de bengalas.

Regresé hacia mi posición, que estaba a unos setenta metros del puesto de comando y cuando había hecho unos cuarenta encontré a un cabo con dos fusileros, resistiendo desde la altura. Es decir, ya era. crítica la situación y mi problema era que me iban a cortar con el puesto de comando. Estaban tirando desde ahí no mas.

El teniente A.G. me dijo que necesitaba hombres y justo en ese momento recibimos más gente que venía en la oscuridad, del lado de los ingleses. Enganché otros más y le di dos al teniente A.G. y tres dejé a mi retaguardia, porque ya empezaba a dudar de la capacidad de resistencia ante semejante ataque de la parte izquierda que cubría el subteniente S. En esa zona era terrible el fuego, muy intenso. Todo señalaba ya el objetivo principal de ellos, con los comandos subiendo en todas direcciones. En primera línea escuché fuego intenso, granadas, ráfagas, fuego que disminuía, después aumentaba, en varias oportunidades.

Llegué a la posición confiando en que el regimiento se iba a poder replegar y ya éramos diez conmigo. Tenía dos heridos: un cabo, que tenía la cara llena de sangre y estaba desvanecido, lo toqué y a’ Dios gracias, sentí que pulsaba todavía; y un soldado con un balazo en la pierna. A los dos los retiré hasta una roca grande como una cama, que estaba a unos quince metros y volví a la posición y seguí tirando, y dirigiendo el combate. Los heridos eran el cabo D., y el soldado P.
En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #8 en: Mayo 24, 2007, 08:35:33 pm »

ULTIMA PARTE ASI LUCHARON

En el lugar donde yo estaba los- ingleses habían puesto ciento cincuenta "monos, segurísimo, de entrada. Los habíamos visualizado por las bengalas; eran comandos, por el tipo de ropa y por las armas que tenían. El fuego era intenso y trataban de avanzar por la izquierda. Ahí les hacíamos- fuego reunido; yo ya tenía un hombre encargado de cada sección.

Acá debo señalar que al recibir gente vino un cabo con una bolsa, que era como una funda de almohada, llena de munición, y aparecieron - dos soldados con pistola. Al cabo lo subí a una altura de tres metros en la oscuridad porque tenía un visor nocturno, el que nos sirvió para ver los movimientos y los bultos. El cabo me avisaba que venían cinco o seis ingleses y como yo conocía muy bien la zona y me entendía con él, tiraba una trazante hacia donde me indicaba y les decía a los soldados que vieran la trazante y ordenaba fuego reunido sobre ese sector. O sea, el cabo los descubría con el visor y me decía: "Se acuerda dónde estaba tal cosa? Bueno, de ese lugar vienen tres ínglesitos".

Entonces tiraba yo la trazante y les decía a mis hombres: "Vieron todos? ¿Sí? ¡ ¡Entonces, fuego reunido! "

Los ingleses que intentaban avanzar estaban en el mismo cerro que yo, como en una saliente que quedaba enfrente de nosotros, que era como una mesetita más alta que el lugar donde estábamos. En el centro, había una gran roca en un pequeño vallecito. Los ingleses entonces se ponían ahí, porque les surtíamos por todos lados. Corrían y trataban de llegar e inclusive sorprendimos infiltrados abajo y les dimos con todo también. Otra vez se replegaron, los que pudieron, y alguno habrá caído. También yo veía con alguna bengala todo el lateral derecho de ellos y veía que seguía subiendo gente y algunos que querían bajar. Es decir detrás del cerro, a trescientos metros, seguían subiendo pero cerca de mí, digamos a unos setenta metros, trataban de bajar para acaso rodearme por la derecha. También ahí los estudiaba y decía a uno que tirara sobre una roca, a otro que tirara donde cayó la bengala y ni el nombre sabía de los soldados porque no eran míos. A uno le decía "petiso" o "correntino" y cada uno ~e las arreglaba para entender. No sé el nombre ni las caras, ni del cabo conozco la cara. Si lo encuentro en la calle no lo reconozco, y me salvó la vida, realmente. Lo mismo el soldado G. que fue mi guardaespaldas; yo le decía: "G., vamos!" y G. con una habilidad tremenda venía y nos metíamos en la boca del fuego. Unas veces estuvimos planchados contra una roca de veinte centímetros y no podíamos movernos, ni siquiera una rodilla. Justamente la segunda vez que veníamos del puesto cuando nos dieron con todo: silbaban las balas y rebotaban en las piedras.

Volviendo a nuestra situación, nos habían tirado cuatro de esos morteros descartables pero pegaron a cinco o seis metros. Uno pegó justamente cerca de la piedra de los heridos.

Al soldado S. ya no lo escuchaba para esa hora y tampoco oía mucho volumen de fuego de la parte izquierda mía, o sea del- subteniente S. Era un fuego disperso totalmente, la intensidad del combate había disminuido excepto al frente, donde estaba el teniente primero C.A.A. con su compañía, desde donde se escuchaba un volumen de fuego mucho mayor. Se ve que pudieron cambiar de posición, porque estaban combatiendo muy fuerte; en fin, ignoro los detalles porque todavía no he hablado con ellos.

La cuestión es que seguí en el cerro, ya tenía los dos heridos y seguíamos resistiendo bien. En ese momento teníamos tres soldados a la retaguardia, tres FAL más conmigo que cambiábamos de posición en unos quince metros de frente por cinco, y el cabo con el visor y los heridos. Era un pequeño lugar que dominábamos bien.

Ya en ese momento en el monte Dos Hermanas había empezado el combate. Sobre todo una ametralladora que desde allí tiraba para nuestro sector que era el monte Harriet; ahí era donde nos encontrábamos combatiendo. En Dos Hermanas estaba otra de nuestras compañías con el oficial de operaciones que era el capitán C.A.L.P. La distancia entre nosotros y ellos en el Dos Hermanas era de unos dos mil metros y vi, como dije, el fuego de esa ametralladora. Después ya vi un fuego generalizado de trazantes para el cielo, para abajo o rebotando y empecé también a escuchar fuego de armas pesadas —morteros y artillería—. El ataque a ellos no fue aparentemente coordinado con el ataque a nosotros.

La cuestión es que continuamos el combate. La piedra mía era tan chica como la altura de una silla, tanto es así que no podía siquiera arrodillarme y estaba totalmente encogido. Como la luna me daba sombra para la izquierda, entonces tuve que empezar a tirar como zurdo. Lo que fue algo nuevo para mí, que soy diestro. Debía evitar que la luna me delatara. Además, estos ingleses desgraciados veían como los dioses porque el fuego era realmente preciso: a esa piedra mía le pegaban por todos lados; aunque a Dios gracias a mí no. Yo veía el fuego en mi cabeza, por mis piernas, era todo fuego. Lo mismo, por supuesto, a mis soldados y por eso hacíamos pausa de fuego.

En momentos les hacíamos cinco disparos y nos metíamos de nuevo en el lugar, o si podíamos cambiábamos de piedras. Pero ya no teníamos el movimiento de poco antes. En ese momento se provocó un tercer herido. Yo no sé dónde le pegaron realmente, sólo escuché quejidos y quedó abajo, digamos, del cabo B., que era el del visor. Para cambiar el cargador tenía que recogerme en la piedra de espaldas al suelo y recogidas las piernas, hacerlo pegándome el cañón del FAL a la frente, para evitar que los disparos me hicieran blanco.

Estaba en esto cuando oí que gritaban: "¡Me tiran! ¡Me tiran1 ¡Mi teniente primero!" y vi a alguien que salía arrastrándose del lado de donde había dejado a los heridos y vi todas las trazantes que le llegaban. Creí que le habían dado todas. Veía la cortina de trazantes y la figura de él en la oscuridad —clarita— porque ya había luna, pero le pasaron por detrás. Se arrastraba rápidamente hacia la izquierda con la cola en el suelo y con una mano se impulsaba, no sé bien cómo lo hacía. Me di cuenta de que era el soldado P. que había sido herido antes en la pierna, y yo había dejado junto al cabo herido y desvanecido. Por el tipo de fuego que escuché y la brevedad, pensé que era un infiltrado el inglés ese y me preocupó el cabo que estaba herido ahí. Que el otro herido era el soldado P. me enteré luego en el "Uganda" que fue cuando él me lo contó, porque yo no sabia —como dije— el nombre ni conocía las caras de antes.

En ese momento fui para atrás de esa gran piedra, que era como una cama. A lo mejor era también un argentino que estaba tirando mal pero lo que no me explicaba era qué había pasado con los tres míos. En ese momento advertí que del lado del subteniente S., el combate ya había cesado, a mi derecha ya no oía más al soldado S. y unos minutos antes el soldado G. me informaba que el puesto de comando ya se había podido mover entre los ingleses a otro lugar.

Después me enteré de que el subteniente S. había desaparecido; supe allá que fue herido en el combate pero no sé si falleció o no; tengo la esperanza todavía de que aparezca, Dios sabe por qué.

La cuestión es que en ese lado ya no se combatía, pero en Dos Hermanas sí se veía el entrecruzamiento de disparos. Yo, como dije, no me imaginaba qué había pasado con mis tres soldados de la retaguardia y me preguntaba qué había ocurrido con esos changos mientras combatía hacia el frente. Después desgraciadamente, incluso a través de los ingleses, comprobé que estaban muertos.

Pero en el momento pensé que era un inglés infiltrado o un argentino equivocado el que estaba tirando. Fui a retaguardia, aparecí en una piedra justo pegada al lado de donde tenía qué estar el cabo herido —que estaba no más— y sentí una ráfaga terrible que venía, pero me tiré para atrás y entonces la piedra la rechazó, pero uno me tomó el brazo izquierdo. Fue un inglés como a quince o veinte metros de mí; estaba en una piedrita agazapado. Tenía entonces un inglés adelante, ingleses a la derecha e ingleses alrededor. Pero vi a uno solo. Me dio en el brazo izquierdo; pude medio recogerme, sentí como el golpe de un palo fuerte y me quedó agarrotada la mano, pero sostenía el FAL. Como a mí me quedaba una granada, la saqué y la armé, dejando la última chaveta —un segurito que se saca con el pulgar— y la metí en el bolsillo derecho. Hice un cambio de posición.

No nos olvidemos de que a mí ya me estaban tirando de la espalda donde no tenía ninguna cubierta y había recibido fuego de adelante. Hice unos cinco metros para ir a una piedra y caí. Quedé junto a un escalón de diez metros que se prolongaba por unos cien. Hasta los ingleses en el cerro y hasta el puesto de comando, se ha ese escalón. Pensé que en ese lugar que había sombra, podía aparecer, listo para localizar al inglés por si se me había movido. Mientras tanto, los míos que habían quedado adelante seguían tirando y les pedí que me apoyaran, que iba a lanzar la granada, y cuando comenzaba a ver al hombre me sorprendió de golpe detrás de la piedra misma ver a cuatro ingleses. Pero no pegados a la piedra, sino que estaban a cinco metros como reunidos o algo así. Estaban, creo, sobre los tres soldados míos, muertos, porque era el sector ese. Al ver a los cuatro, la reacción mía fue tirarles con FAL, pero no llegué a tirarles porque de abajo de ese escalón de diez metros que se iba después hacia el valle suavemente, vi ya tarde, la figura del tipo este: medio cuerpo le vi, y del estómago salió toda una estufa de cuarzo que se me vino encima. Digo estufa de cuarzo porque fue toda una cosa roja que se me vino encima. Cuando lo advertí —algo me lo advirtió— y miré, vi que se me venía un mundo de rojo encima, que eran todas las trazantes que me tiraban. Ya fue todo en cámara lenta.

Ahí sí caí justo antes del precipicio y quedé colgadito. Digo precipicio pero era el escalón de diez metros y lo que yo recuerdo es todo en cámara lenta. Fue un segundo fatal —digamos— porque me di cuenta de que me habían dado porque estaba sin casco, con el fusil, y caí sobre las rodillas y los codos y pensé que tenía que evitar que me remataran. Corrí —no sé bien cómo— hacia el frente donde estaba el del visor y caí. Llegó el momento en que no daba más y caí y quedé entre dos piedras —a Dios gracias— bastante bien colocadas. Me quise mover y no "iba" más. Entonces le dije al cabo B. que saliera por donde pudiera con los dos soldados que eran los únicos que quedaban sanos, que trataran de salir y combatir, y de salvarse. El cabo dijo que no, que no me iba a dejar y le dije que era una orden y que saliera, que yo ya estaba bien. Me iluminó el cabo y ahí me di cuenta de que estaba realmente tocado por todos lados. Este cabo empezó a gritarles a los dos soldados que me ayudaran, que me pusieran una manta y algo en la cabeza y él lloraba y me decía que no me iba a dejar y yo le decía: "Dejame, dejame que estoy con Dios; dejame rezar

Yo tenía una paz muy especial, me iba muy adentro y tenía un calor muy especial. Le hablaba como si Dios estuviese para mí solo y le agradecía todo. Yo siempre le había pedido a través de todas esas noches dignidad para cualquier cosa. Lo único que quería era dignidad para vivir y creo que me la dio y no lo digo para afuera sino que lo digo sinceramente.

Y fue así, me fui yendo lentamente, me sentía desangrar. Sentía el olor de la carne, realmente un "bifacho" tenía encima, las trazantes queman, y me iba, me iba... empecé a sentir una especie de silencio mayor. Evidentemente me estaba desvaneciendo. El cabo B. lloraba:

"¡Usted no se va a morir! ¡Usted no se va a morir, mi teniente primero! ¡Yo lo voy a cuidar! ¡Yo lo voy a sacar!", me decía el cabo.

Algo decía, que quería hacer una camilla. Pero estaba en el medio de los tiros y además ya los ingleses nos empezaban a tirar a ese lugar, que era un sector como de un pasillito del tamaño de una cama. Los ingleses nos tiraban descartables —morteros—, uno pegó y nos dejó sordos. A mí por lo menos durante tres días, hasta llegar al "Uganda" estaba todavía medio tonto. Porque pegó muy cerca, a dos metros. Después al llegar acá, al hospital, me enteré de que me cayeron esquirlas y se me metieron en las rodillas.

En el lugar en que uno está herido ve la sangre, siente, y uno se da cuenta ‘de que le empieza a entrar un frío: empieza a transpirar, transpira. Le repetí que me dejara, que estaba muy sereno, que no sentía gran dolor pero que me dejara, que estaba en paz. Y cl’ cabo no salía. Entonces le dije que bueno, que íbamos a jugarnos, si Dios lo quería, que se rindiera, que hiciera lo imposible. Pero el cabo no quería rendirse, quería sacarme a mí y lloraba. Lloraba a los pies justamente y me decía que no me iba a morir, que me iba a cuidar.

Ahora que lo pienso era dramático ese momento. Y el tipo me puso mantas y me acuerdo que le pedí agua y me dio whisky, me llenó la boca de whisky y me daba whisky...

Y adiós, telón, muy cerca ‘de Dios, lo juro por Él. Era un Ser que estaba muy pegado a mí, era el único Ser al que estaba confiado totalmente. Yo ya estaba desde hacía mucho tiempo despedido mentalmente de mi familia, creo que todos teníamos esa preparación espiritual. Eso lo hablamos con los capellanes. Creíamos todos hacer una gesta realmente gloriosa y en la cual no íbamos a fallar.

Después me enteré —con orgullo— de otros detalles de la acción de mi regimiento. El jefe se había ido hacia la primera línea, la compañía "B" del teniente primero C.A.A., con lo que quedaba del puesto de comando, para seguir dirigiendo las acciones.

Sé que a la madrugada vino un oficial inglés al cual me rendí y pedí que cuidara al cabo y a los soldados que me quedaban.

La idea nuestra fue siempre llegar a combatir de día porque ahí éramos más parejos, digamos; pero no pudimos llegar al día, por lo menos en mi caso.

La cuestión es que apareció luego el oficial inglés. Antes, en la oscuridad, apareció un comando inglés y se empezó a tirar también artillería- sobre nuestra zona.

Luego de una serie de vuelos en helicóptero, aparecí en el "Uganda". Allí, por primera vez hablé y tomé conciencia de todo lo que había pasado, o sea, volví realmente en mí.

Al primero que encontré fue a un subteniente M., que me saludó. El estaba recién operado y es de los recién egresados del Colegio Militar, los que fueron egresados antes de tiempo. Una bravura tremenda los pibes estos realmente tenían todas las "chinches" en la cabeza. Hubo uno que hubo que doparlo porque habían pasado dos días y seguía la guerra para él.

También un soldado que estaba en la camilla de abajo, me preguntó si era el teniente primero J.A.E.

En el "Uganda" me dijeron también que había un señor de la Cruz Roja, un señor muy bien puesto, suizo después me enteré, que quería hablar conmigo. Le dije que por favor no, por los dolores que tenía. No sé cuánto tiempo habré estado ahí, como en un pasillo; después me pusieron en una fila de camillas y pasé a una sala.

A mí ya me habían operado tres veces los ingleses.

Ahí en la sala, antes de que me asignaran una cama, encontré al borde de la camilla a un argentino que me dijo que era el soldado P., si no me acordaba de él. Me explicó, y era el que estaba herido, el que me avisó gritando que le tiraban.

Hablamos de las cosas que les gritábamos a los ingleses, de los insultos, y me contó que a él lo habían retirado de la zona, que habían llevado a todos los heridos y los muertos. Me contó todo lo que me hicieron y no me hicieron, porque iba adelante de mí en la camilla. Así supe qué me habían hecho en San Carlos y todo eso. Como él estaba sólo herido en la pierna, estaba bien consciente. Por él sé el resto de la historia.

Después, a través de prisioneros y relatos de toda la gente que encontré en el "Uganda" y en los hospitales, fui enterándome de todo. Estos soldaditos que estuvieron conmigo son de los que tienen los pies helados y el corazón caliente. gente del norte, muy sufrida, muy respetuosos. Gente muy adaptada, y sobre todo, corajuda. Para cualquier cosa había voluntarios, no había problemas; hasta ir a buscar la comida entre la artillería era toda una proeza, y siempre había voluntarios. -

Ahí me encontré en total con diecinueve argentinos: cuatro oficiales, cinco suboficiales y diez soldados. Me enteré de muchas cosas que sucedieron en otros sectores de mi unidad, que desconocía. También en el "Uganda" tuvimos un cura católico, inglés, que era un santo. Nos alentaba, nos venía a confesar uno por uno, nos hablaba, nos higienizaba. Hablaba un castellano medio "indígena" y nosotros lo cargábamos.

Estuve antes de esto en distintas salas donde vi mucha gente de ellos, mucha gente en estado grave; evidentemente ellos tuvieron muchas bajas. Los FAL nuestros eran de un calibre muy superior, que provocaban daños mucho más graves que las armas que usaron ellos.

No obstante, charlábamos con los ingleses, venían los enfermeros, nos hacían bromas, les hacíamos bromas a ellos; pero siempre inmóviles a merced de la medicina.

Me enteré también en el "Uganda" que el soldado S. había recibido justo el último descartable cuando ya estaba a tres metros de la 12,7, porque se había quedado sin munición. A la ametralladora 12,7 la destrozaron. Él, combatiendo, cortó camino entre las filas inglesas y llegó a Puerto Argentino.

También me enteré de los nombres de alguna gente que estuvo conmigo esa noche en el Harriet, cuyos rostros —salvo de dos— no reconozco. Por los apellidos trato ahora de localizarlos. El cabo B. y los dos soldados fueron tomados prisioneros y entregados sanos, y el soldado G. también está sano.

La compañía "B", que yo había supuesto que había podido cambiar de posición ya que se veía un gran volumen de fuego en su zona, había podido combatir a medida que se acercaba a Puerto Argentino hasta desprenderse de los ingleses y llegar al pueblo con una importante fracción de tropa.

El capitán C.A.L.P. junto con parte de una compañía también pudo combatir y replegarse desde el Dos Hermanas hasta unos cuatro kilómetros atrás. Ahí nuevamente dio frente junto con el Escuadrón de Exploración de Caballería -creo que X— del capitán R.A.Z., y aguantaron el ataque hasta, creo, el mismo día de la rendición.


En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
LEYDEN
Jr. Member
**
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 84


MSN Messenger - JUANCALVETE@HOTMAIL.COM
Email
« Respuesta #9 en: Mayo 25, 2007, 01:54:28 pm »

celentes bull

fui a buscar el libro comando en accion pero aun no lo tienen aca
fui a varias librerias grandes pero no habia llegado  >:( >:(
espero pronto conseguirlo ya que no se conseguia por ningun lado
y es un libro marca "ACME"
En línea

"No se como será la tercera guerra mundial, sólo se que la cuarta será con piedras y lanzas"
Schwarz
Moderador
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 9427


mayor

MSN Messenger - schwarzalbert@hotmail.com
Email
« Respuesta #10 en: Mayo 28, 2007, 01:12:43 pm »

proba en el ateneo, ahi lo compre yo
En línea

!! no he visto cosa  salvaje que se lamente de si mismo!!!

el dolor es temporal, el orgullo dura toda la vida
Schwarz
Moderador
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 9427


mayor

MSN Messenger - schwarzalbert@hotmail.com
Email
« Respuesta #11 en: Mayo 28, 2007, 01:14:04 pm »

muy buenos relatos, los imprimi para leerlos en casa
En línea

!! no he visto cosa  salvaje que se lamente de si mismo!!!

el dolor es temporal, el orgullo dura toda la vida
Bull
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 897


Soldado 1º -=GP2=-

MSN Messenger - el_marce2@hotmail.com
Email
« Respuesta #12 en: Mayo 30, 2007, 08:11:18 pm »

ASÍ SON LOS HÉROES, DE CARNE Y HUESO, PERO CON UN RECUERDO DE FIERRO por Jorge Luis Reyes
A mediados del mes de mayo, nuestra posición estaba siendo duramente castigada por la aviación Inglesa, nuestras piezas de artillería antiaérea de 35 mm se habían hecho respetar, ataque tras ataque, y esto preocupaba al enemigo, que dirigía ahora sus esfuerzos contra nosotros.Nuestro emplazamiento era ordenado y sólido, los dos cañones bitubo y la central de tiro protegidas con bolsas de tierra y turba, y dos refugios tipo bunker construidos por nosotros mismos, para alojamiento del personal. En la posición nos sentíamos seguros, pero los ataques sobre nosotros eran cada vez mas intensos y más certeros, así fue que hasta que una bomba de 500Kg. Arrojada por un Sea Harriers cayo a 5 metros del cañón y lo inutilizó por completo, otra bomba igual no exploto y a los tumbos fue a quedar apoyada sobre el techo del bunker donde vivíamos casi 20 personas y otra bomba que tampoco exploto desmorono el techo del otro bunker. Esa tarde recibimos la orden de cambiar de posición y comenzamos inmediatamente las tareas de emplazamiento, pero había algo que me llamaba la atención, 2 tambores de 200lts. Sostenía una chapa cubierta con tierra y oficiaba de refugio a dos soldados. Durante las 5 hs. Que duro el emplazamiento, no vi un solo movimiento, hasta que esa tarde los vi aparecer, los rostros tiznados por el humo del fuego que los calentaba, las ropas húmedas evidenciaban lo desprotegidos que estaban, se acercaron a nosotros y sin mucho esfuerzo, se integraron al grupo, uno de estos chicos, el mas inocente era de Río IV. Lo primero que hicimos fue acondicionarle la ropa y el armamento integrarlo a nuestra comida, ejercitarlo en el tiro, decididamente eran de nuestra batería, muchas tardes hablamos sobre la familia, sobre su mama que estaría preocupada, sus hermanas mayores que estarían orgullosas y sobre lo que era la guerra para nosotros. ¡Que lindos momentos que pasamos con el cordobés! Las bromas, los chistes, el peligro, el recuerdo.....
La guerra avanzaba, el enemigo estaba ya sobre Puerto Argentino, el fuego era algo incesante, todo había ganado en intensidad esa noche del 13 de junio. El RI 25 en el aeropuerto, debía marchar a primera línea y fue así que nuestro amigo se despidió de nosotros, Me acuerdo que se acerco y me dijo ( es lo único que tengo y quiero dejártelo por todo lo que me dieron) y puso entre mis manos una estampita de la Virgen de Lujan, le hice poner con una lapicera su nombre al dorso: s/c 63 Víctor Daniel Rena RI 25, y nos despedimos con un abrazo.
El 14 de junio ya no había mas nada que hacer, él (Alto el Fuego) se extendió como algo ficticio: vino la entrega de armas y el repliegue de los Argentinos. Los Ingleses nos ubicaron a todos los prisioneros en el aeropuerto. Recuerdo que subí con un oficial a una loma, y desde allí veíamos los 10.0000 efectivos buscando refugio. Era el atardecer y asomaban pequeñas fogatas donde grupos en círculos, intentaban calentarse los restos de aviones servían de refugio contra la lluvia y el viento.
Entonces nos acordamos del cordobés ¿donde estaría? Comenzamos a buscarlo por todos lados, en el bunker, entre los soldados de su regimiento, Hasta que de pronto, nos encontramos con su compañero, le preguntamos por Víctor, y nos dijo ( lo mataron, una esquirla de una granada en él estomago) ¡como lo sentí!.
Siempre quise escribir esto por él y por su familia, para contarles quien era y del orgullo que siento de haberlo conocido. Así son los Héroes, de carne y hueso pero de recuerdo, de fierro. Con mi letra, agregue a la estampita: ( fallecido en combate el 13 de junio de 1.982)

En línea


"Grita: devastacion! y suelta los perros de la guerra, ahi va GEOP2!!!"
Schwarz
Moderador
Hero Member
*****
Offline Offline

Sexo: Male
Mensajes: 9427


mayor

MSN Messenger - schwarzalbert@hotmail.com
Email
« Respuesta #13 en: Diciembre 15, 2007, 08:24:49 am »

Al Heroico Valor en Combate
CRUZ NACIÓN ARGENTINA

Sobre el pecho de oscar Poltronieri, la Guerra a prendido un sin fin de indiferencias, historias y medallas

La única "Cruz Nación Argentina" , el Máximo y único Galardón al Heroico Valor en Combate que el Ejercito Argentino otorgara a un soldado Raso, en la historia de nuestro país.

Nacido en Mercedes Prov. de Bs. As.

Oscar Poltronieri cumplió el servicio Militar en el Reg. 1 Mec. 6 de Mercedes Prov. Bs. As.

"La verdad, la primera vez que escuche hablar de un lugar así. Yo me imaginaba algo como Córdoba, Mar del Plata, me imaginaba que iba a viajar. Por eso me fui como cuando te invitan a una joda. A lo primero me reía, pero cuando subí al avión y vi que los otros lloraban me puse serio."

¿Que hizo que Oscar Poltronieri se convirtiera en un héroe?

Ejemplo permanente de sus camaradas, ofreciéndose como voluntario para misiones riesgosas, como sindica el informe del Ejercito Argentino.

Esto no alcanza para saber todo lo que realmente hizo Oscar Poltronieri, solo él puede explicarnos todo lo que pasó, desde su inquietante y humilde personalidad, dado que viene de un hombre que con solo 19 años de edad, realmente demostró y cumplió ante todos sus compañeros y superiores, que lo de la eterna frase, "Yo por mis compañeros me las juego," no es una utopía y el lo demostro sin dudar.

No se las jugo en un bar, en una contienda de barrio o en una cancha de fútbol, se las jugo ante unas de las primeras potencias del mundo y en una causa muy especial La Guerra de Malvinas , lejos de las intenciones políticas que rodean este tipo de conflictos, no era el problema de Oscar Poltronieri, Su problema era defender nuestra gran familia, Nuestro Gran Hogar, Nuestra Nación Argentina, que exponía a sus jóvenes hijos, a defender a la Patria.

"VAYANSE, QUE YO ME QUEDO SOLO"...

Esto fue ya en Junio. Estábamos en el Monte dos Hermanas, una noche yo estaba de guardia en la posición adelantada y escucho unas voces raras. No eran de los nuestros, no entendía lo que decían. Le aviso al Teniente, que viene con visor nocturno; los tipos estaban a 50 mts . Los Ingleses venían todos amontonados, tirando tiros por cualquier parte, gritando, tocando el tambor. Un soldado que estaba arriba del monte comenzó a tirales con su Ametralladora (MAG) Ahí nos vieron y comenzó el fuego cruzado . A mi lado cayo un compañero con la cara llena de sangre. a mí me dio impresión verlo, me dio más coraje, mas bronca...

.....Yo le daba y le daba a la MAG. Ramón , el que había caído al lado mío, era mi compañero de arma. él era MAG N° 2 y yo MAG N° 1. Éramos muy amigos, por eso me dio tanta bronca. Ahí me dije: "Si a él lo mataron a mí me van a matar también. ¿Por que me la voy a salvar?". Entonces tenía que jugarme.

...Era casi de día; yo tiraba y tiraba, mi abastecedor, el que le ponía las cintas a la MAG , estaba cansado , pero yo seguía y seguía tirando contra los tipos. No se la iban a salvar. En un momento parecía que todos los Ingleses querían pararme, les jodía mi Ametralladora, sentía como pasaban las balas, a las trazantes se las veía clarito...

Atrás de unas piedras estábamos nosotros amontonados , y a la orden de retirada, todos mis compañeros comenzaron a salir de sus posiciones, se fueron replegando hasta que en un momento estoy con mi abastecedor y el ayudante apuntador. Entonces les digo a los pibes: "Váyanse, repliéguense, que yo me quedo solo" . Ellos no querían, me decían: "Negro, vayámonos todos, a vos solo te van a matar, te la van a dar". Yo les contesto: "No váyanse ustedes, tienen familia, amigos, todo". Yo también tengo familia, amigos, pero ellos siempre entienden. "¡Y váyanse de una vez, carajo, después voy a ir yo!". Solamente quedaba cerca de mí un Sargento, pero yo sabía que la señora de el, justo ese día había tenido una nena. Le había llegado un telegrama. Le digo entonces al Sargento: "Mi sargento, usted tiene un nuevo hijo en el mundo y tiene que verlo. Repliéguese. Déjeme a mi solo. Yo soy soltero y prefiero morir yo, antes que usted. Me voy a arreglar". y me arregle...

...A lo lejos veía como peleaba la gente del RI7 de La Plata , en Monte Longdon atrás nuestro cerca de la playa. Llovían las balas sobre mí, estaba solo. Me repliego y tiro, me repliego y tiro , hasta que llegué al pueblo.
En línea

!! no he visto cosa  salvaje que se lamente de si mismo!!!

el dolor es temporal, el orgullo dura toda la vida
vj.
Guest


Email
« Respuesta #14 en: Diciembre 15, 2007, 11:18:11 am »

muy bueno hay mas!!!
En línea
Páginas: [1] Ir Arriba Imprimir 
« anterior próximo »
Ir a:  

Powered by MySQL Powered by PHP Powered by SMF 2.0.4 | SMF © 2006-2008, Simple Machines LLC XHTML 1.0 válido! CSS válido!
Página creada en 0.633 segundos con 23 queries.